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jueves, 6 de junio de 2013

Agujeros en la red (1)

 Yo asgo la sartén por el mango  

Me aturulla la brutal inmensidad de la información reunida en Internet. Por ejemplo, casi siempre que uno se equivoca tecleando alguna palabra en Google, obtiene invariablemente resultados. La red virtual funciona pues como la imaginaria biblioteca del cuento de Borges, esa que contenía todos los libros posibles en cualquier idioma, hasta en las lenguas aún no inventadas. Escribo, por ejemplo, 'anguztia' en lugar de angustia y me aparecen no obstante 5.010 resultados en el buscador, incluyendo varios relativos a un grupo de reguetón puertorriqueño. También  aparecen enlaces a varios blogs cuyos autores han reemplazado todas las letras ces y las eses por zetas. Incluso me topo con una mujer llamada Anguztias Muntalban, residente en Filipinas.

Harto pues de saber que, invariablemente, busque lo que busque en Internet, algo siempre se encuentra, he decidido perder mi tiempo tratando de dar con la excepción que confirme la regla, y hallar alguna palabra, expresión o frase muy sencilla pero nunca empleada en el mundo virtual.

La tarea ha resultado mucho fácil de lo que pensaba: Nadie nunca había escrito en Internet la frase que da titulo a esta entradilla. Lo mas sorprendente del caso es que tampoco nadie nunca ha  colocado en la Web la frases 'yo asgo el manillar', 'yo asgo la palanca', 'yo asgo la barandilla' o 'yo asgo' cualquier otra cosa. Nadie nunca ha asido nada en Internet.

Para delicia de los filósofos y otros amantes del absurdo, he comprobado que, en cambio, Google ofrece varios miles de resultados para 'Yo asgo', así, ha secas. Todos ellos, invariablemente, aparecen en tablas de conjugación del verbo asir. Parece pues muy importante, por alguna razón inescrutable, que los hablantes de español sepan conjugar correctamente un verbo que, no obstante, no utilizan, al menos en él mundo virtual.

Descubrir que hay algo todavía nunca escrito en el universo Internet me genera una enorme tranquilidad interior. Internet no es un Cosmos cerrado, no es un mundo concluido. Aun hay espacios vírgenes por explorar, agujeros por tapar en la Red.

Haber sido el primero en llenar una de esas últimas lagunas me produce, por el contrario, una gran desazón. Me siento como un explorador decimonónico descubriendo una tribu por vez primera y a la vez contagiándoles una forma de constipado para la que los indígenas no estaban inmunizados. Más me hubiera valido no haber escrito nunca ese titulo en el blog  y mantenerme el sueño del universo virtual incluso, en el que nadie ase nunca ningún objeto.

Ojala, pese a esta entradilla, Internet siga ignorando que yo asgo la sartén por el mango. 

(Foto: Luis Echanove)

viernes, 26 de marzo de 2010

Ejercicio lingüístico

La alcaldesa
Acicalada con sus alhajas, la alcaldesa hablaba desde la tarima. Una alfombra naranja de algodón cubría los azulejos de la atalaya. Jazmines, adelfas, tulipanes, alhelíes, azucenas y amapolas decoraban todos los rincones del malecón.

-'¡Jeta, mequetrefe!' gritaba el albañil mulato, drogado por el alcohol. '¡Momia charlatana!' vociferaba farruco el chismoso alférez, en plan guay. ¡Que te follen, marrana!', exclamaba de guasa el danzarín gitano. Encaramada a al alfeizar del zaguán, una azafata en albornoz, pijama y chanclas la llamaba 'mamarracha' y otros alhagos parecidos. La alharaca siguió hasta el alba. Fulano, de mal talante, exclamaba '¡asesina!', y mengano continuaba: '¡gilí pichis!'

Era el momento cenit de otro alboroto en balde. Ya ni los alguaciles controlaban las algaradas. Ojala no fuera así, pero es que la zafia alcaldesa, aunque alardeaba mucho, siempre ganduleaba, era mezquina, no se afanaba y al final jorobaba a todos: no arreglaba las averías en las polvorientas acequias y alcantarillas de la aldea, no reparaba los tabiques de adobe del arrabal… y lo peor de todo: los alquileres habían subido abismalmente, y también las tarifas y aranceles aduaneros (antes la cifra a pagar era cero). Encontrar algo para el almuerzo en los almacenes del barrio era una tarea baladí : aceite, arroz, azúcar, alcachofas, berenjenas, zanahorias, sandias, limones, aceite…ni un mezquino alfiler quedaba en los baúles.
Este texto contiene 96 palabras de origen árabe, incluidos todos los sustantivos y adjetivos, además de varios verbos e interjecciones.

(Foto: Luis Echanove)

viernes, 12 de marzo de 2010

Ejercicio lingüístico


Aunque hay barro en el camino del páramo y el arroyo rebalsa sobre las losas de la chavola, yo quiero salir de esa cabaña de chatarra.

Agarro con la mano izquierda la mochila, y entonces alguien me dice: 'Zurdo, estas como un cencerro…a quien se le ocurre salir sin la zamarra ni la chistera, con este chubasco de órdago' .

Nota: Todos los sustantivos y adjetivos en este cuento breve son de origen prerromano, por tanto, el texto resulta incomprensible para un hablante de una lengua románica diferente al español (como el italiano o el francés). Normalmente, cualquier hablante de una lengua románica puede comprender entre el 70% y el 80% de un texto en castellano.


Foto: Luis Echanove