jueves, 25 de octubre de 2012

Tumbado

Tumbado en medio de la nada, miro a la pared desnuda y juego a imaginar versos escritos con los pespuntes de sus grietas.

Ahí, justo bajo la sombra inclinada del rincón, encuentro sin querer una letra 'T', espigada y altiva como un girasol en primavera. Con ella empiezo a desbrozas las palabras, una tras otra, y escribo: "Tumbado en medio de la nada, miro a la pared desnuda y juego a imaginar versos…(…)"

(Foto: Ignacio Huerga)

martes, 23 de octubre de 2012

lunes, 22 de octubre de 2012

Shakuhachi

Algunos monjes zen de la escuela rinzai decidieron hace siglos que permanecer sentados meditando koans –esos acertijos sinsentido que buscan romper el bucle del ego- sobre el tatami estaba muy bien, peor que el gran reto sería tal vez meditar tocando la flauta, con un cesto cubriendo la cabeza (para evocar la negación del ego personal) mientras caminaban de forma itinerante.

Un par de siglos después los shogunes, amos despóticos del nuevo Japón naciente, encontraron estas prácticas demasiado heterodoxas y prohibieron tocar la flauta tradicional japonesa con fines religiosos. Dicen que sospechaban que algunos samurais enemigos de la naciente monarquía centralizada se escondían bajo los cestos de mimbre. Quien sabe. Aunque la prohibición sólo duró 4 años, acabó casi por completo con la práctica de los monjes flautistas errantes.

Como casi siempre sucede, algunos monjes logaron mantener viva la tradición a escondidas. Hoy, el shakuhachi, o música zen con flauta, es una rareza al borde de la extensión, y solo unos pocos maestros elevados, en un par de monasterios, conocen sus verdaderos secretos. No obstante, y gracias a Youtube, puedo ahora también yo escucharlo.

El sonido silbante del aire arrastrándose a través del caño de la flauta me produce la misma sensación que la de alguien soplándome en el cogote. Es increíble.

(Foto: Ignacio Huerga)

lunes, 1 de octubre de 2012

Dresde

Es una tarde de domingo, calma y soleada. Estoy en Dresde. Miro  a los santos de piedra alzados como titanes místicos sobre la cubierta de la iglesia palatina de los antiguos Electores de Sajonia. Los perfiles de las enormes figuras se recortan oscuros sobre el cielo intenso y desnudo de nubes.  Acabo de cruzar el Elba por el puente viejo, con la vista del  elegante burgo barroco en mi horizonte. He dejado en la otra orilla una muchedumbre plácida de familias, parejas de novios y grupos de jóvenes tomando el sol sobre la yerba rasa que roza la orilla norte del río. 

Y ahora estoy aquí, absorto y con los ojos prendados de esas esculturas alzadas en lo alto, como dioses arcanos. Siento la historia entera de Europa rendida a los pies de la ciudad.  Entiendo ahora el sentido profundo del barroco en Alemania (el amansamiento, la sumisión al mundo clásico). Y comprendo también lo que significan las piedras de una iglesia arrasada, colocadas de nuevo en su lugar por un pueblo abatido por el peso de su propia furia. No se si es el sol intenso que me hace sentirme en latitudes mediterráneas, pero en Dresde, ciudad mansa y trágica a la vez, veo discurrir el destino de todo un continente. 

Me acompaña la música por estas calles que son en verdad la tramoya de una opera extraordinaria. Mas tarde sabré que dos muchachos eslavos tocan el violín y el oboe en el pasadizo que discurre bajo el edificio del ayuntamiento. Pero ahora, mientras pierdo mi vista en  esas imágenes pétreas colgadas de las alturas, el Ave María de Schubert y la Primavera de Vivaldi dejan de ser música y se transforman en escalofríos intensos, en sensaciones sin nombre, que parecen alzarse sobre el tiempo y el espacio y enredarse en el aire para dar vida a las grandiosas efigies de granito y hacerlas moverse, y hablar, y tal vez bajar un día a la ciudad y caminar entre nosotros, los mortales. 

(Foto Luis Echanove)

El mapa imaginario

Mapa imaginario de un micro-Estado inexistente, Juan Echanove Echanove

viernes, 28 de septiembre de 2012

Quince minutos contigo

Tumbado en un banco del parque,
la brisa te trae algunos recuerdos.
Piensas en los días luminosos,
cuando las horas sucedían más despacio.

Tumbado en un banco del parque,
miras pasar la vida ante tus ojos, 
casi hasta el final de la tarde.

Al fin el sol se ha puesto.

La noche esconde un secreto.

(Foto: Luis Echanove)

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Perdidos

A veces nos sentimos perdidos en esta vida, como si de verdad hubiera una trama reticulada sobe la que andar, un haz de caminos ante nuestros ojos…más bien es un prado inmenso el que se abre frente a nuestra sombra; un prado de alta yerba brillante, flambeando al viento.

Esa planicie inmensa no llama con su grito sin voz, invitándonos a cruzarla a la carrera, sin trazas, sin recorridos fijados… nos quedamos sentados en las márgenes, mirando el pasto bailar al son del aire, gozando su colorido intenso con la vista, aunque incapaces de hoyar con nuestros pies descalzos el mar verde.

Pero en algunas ocasiones, muy contadas, dejamos de pensar, de sentir incluso, y solo queremos correr, cruzar la pradera inabarcable.

Es entonces cuando estamos vivos.

(Foto: Luis Echanove)

Aunque tú no lo sepas

Cada golpe, cada bofetada, cada insulto, cada lágrima, cada ruego, cada petición de piedad al verdugo…cada segundo de dolor cruel, de herida innecesaria, de humillación… cada mofa, cada ultraje…cada llaga horrenda… todo queda para siempre escrito en el libro de la verdad y la justicia. Mil años pasarán, o tal vez ninguno, pero un día ese libro será al fin abierto, y todos podremos quizás leer sus letras temblorosas sus asustados capítulos…y sabremos, llegados al renglón final, si también nuestro nombre estaba escrito en la lista enorme de ayudantes silenciosos de los torturadores.


Dedicado a todas las víctimas de la brutal y sistemática tortura ejercida en las prisiones de Georgia.

(Foto: Luis Echanove)