martes, 15 de enero de 2013

Una vez más

Una vez más la luz del sol borró la noche más rápido de lo que  hubiera deseado. Se sentía inquieto. A decir verdad, todos en la ciudad lo estaban. Esa inquietud se alimentaba a sí misma, crecía y crecía de conversación en conversación. Hay una forma de ruido que modifica de modo extraño la cadencia de lo real. Ningún otro sonido resulta nunca tan poderoso. Y ahora  por fin habían escuchado esa señal intempestiva. 

(Foto: Luis Echanove)

Es difícil explicar


Es difícil explicar hasta que punto las vidas de ese centenar y medio de familias estaban vinculadas al ciclo de silencios que los campos marcan en el crudo mes de enero, o al nervioso parpadeo de las luces de junio al amanecer. Todos los entusiasmos, durante al menos dos generaciones, se habían vivido acotados en la pequeña esfera de lo cotidiano. Es verdad que ciertas épocas hervían de intensa actividad; pero, en todo caso, el compás pendular de las horas vivas de la primavera y el otoño, alternándose con las mortecinas largas tardes del invierno o el verano habían oscilado por muchos años aun previsible ritmo de doble compás. 

(Foto: Luis Echanove)

Cada objeto


Cada objeto ocupaba su exacto lugar en el cuarto. Allí, como en el resto de la casa, cuando algo era incorporado al haber familiar en él permanecía por toda la eternidad. Una infinitud de enseres colgaban de las paredes o reposaban sobre baldas y mesillas como a la espera de un terremoto que cambiase todo de lugar, o tal vez aguardando al día del fin del mundo y la consecuente destrucción final de la memoria y de todos sus señuelos.

(Foto: Luis Echanove) 

jueves, 25 de octubre de 2012

Tumbado

Tumbado en medio de la nada, miro a la pared desnuda y juego a imaginar versos escritos con los pespuntes de sus grietas.

Ahí, justo bajo la sombra inclinada del rincón, encuentro sin querer una letra 'T', espigada y altiva como un girasol en primavera. Con ella empiezo a desbrozas las palabras, una tras otra, y escribo: "Tumbado en medio de la nada, miro a la pared desnuda y juego a imaginar versos…(…)"

(Foto: Ignacio Huerga)

martes, 23 de octubre de 2012

lunes, 22 de octubre de 2012

Shakuhachi

Algunos monjes zen de la escuela rinzai decidieron hace siglos que permanecer sentados meditando koans –esos acertijos sinsentido que buscan romper el bucle del ego- sobre el tatami estaba muy bien, peor que el gran reto sería tal vez meditar tocando la flauta, con un cesto cubriendo la cabeza (para evocar la negación del ego personal) mientras caminaban de forma itinerante.

Un par de siglos después los shogunes, amos despóticos del nuevo Japón naciente, encontraron estas prácticas demasiado heterodoxas y prohibieron tocar la flauta tradicional japonesa con fines religiosos. Dicen que sospechaban que algunos samurais enemigos de la naciente monarquía centralizada se escondían bajo los cestos de mimbre. Quien sabe. Aunque la prohibición sólo duró 4 años, acabó casi por completo con la práctica de los monjes flautistas errantes.

Como casi siempre sucede, algunos monjes logaron mantener viva la tradición a escondidas. Hoy, el shakuhachi, o música zen con flauta, es una rareza al borde de la extensión, y solo unos pocos maestros elevados, en un par de monasterios, conocen sus verdaderos secretos. No obstante, y gracias a Youtube, puedo ahora también yo escucharlo.

El sonido silbante del aire arrastrándose a través del caño de la flauta me produce la misma sensación que la de alguien soplándome en el cogote. Es increíble.

(Foto: Ignacio Huerga)

lunes, 1 de octubre de 2012

Dresde

Es una tarde de domingo, calma y soleada. Estoy en Dresde. Miro  a los santos de piedra alzados como titanes místicos sobre la cubierta de la iglesia palatina de los antiguos Electores de Sajonia. Los perfiles de las enormes figuras se recortan oscuros sobre el cielo intenso y desnudo de nubes.  Acabo de cruzar el Elba por el puente viejo, con la vista del  elegante burgo barroco en mi horizonte. He dejado en la otra orilla una muchedumbre plácida de familias, parejas de novios y grupos de jóvenes tomando el sol sobre la yerba rasa que roza la orilla norte del río. 

Y ahora estoy aquí, absorto y con los ojos prendados de esas esculturas alzadas en lo alto, como dioses arcanos. Siento la historia entera de Europa rendida a los pies de la ciudad.  Entiendo ahora el sentido profundo del barroco en Alemania (el amansamiento, la sumisión al mundo clásico). Y comprendo también lo que significan las piedras de una iglesia arrasada, colocadas de nuevo en su lugar por un pueblo abatido por el peso de su propia furia. No se si es el sol intenso que me hace sentirme en latitudes mediterráneas, pero en Dresde, ciudad mansa y trágica a la vez, veo discurrir el destino de todo un continente. 

Me acompaña la música por estas calles que son en verdad la tramoya de una opera extraordinaria. Mas tarde sabré que dos muchachos eslavos tocan el violín y el oboe en el pasadizo que discurre bajo el edificio del ayuntamiento. Pero ahora, mientras pierdo mi vista en  esas imágenes pétreas colgadas de las alturas, el Ave María de Schubert y la Primavera de Vivaldi dejan de ser música y se transforman en escalofríos intensos, en sensaciones sin nombre, que parecen alzarse sobre el tiempo y el espacio y enredarse en el aire para dar vida a las grandiosas efigies de granito y hacerlas moverse, y hablar, y tal vez bajar un día a la ciudad y caminar entre nosotros, los mortales. 

(Foto Luis Echanove)

El mapa imaginario

Mapa imaginario de un micro-Estado inexistente, Juan Echanove Echanove