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martes, 15 de enero de 2013

Una vez más

Una vez más la luz del sol borró la noche más rápido de lo que  hubiera deseado. Se sentía inquieto. A decir verdad, todos en la ciudad lo estaban. Esa inquietud se alimentaba a sí misma, crecía y crecía de conversación en conversación. Hay una forma de ruido que modifica de modo extraño la cadencia de lo real. Ningún otro sonido resulta nunca tan poderoso. Y ahora  por fin habían escuchado esa señal intempestiva. 

(Foto: Luis Echanove)

viernes, 2 de julio de 2010

Olas

El ruido del mar batiendo le acompañaba siempre, allí donde se dirigiera.

En la ciudad no oía nunca los pitidos incesantes de los coches, o los retazos de las conversaciones confusas de otros peatones. Su fondo sonoro era siempre el de las aguas trenzando redes de espuma y rompiendo contra una playa de ficción.

Cuando caminaba por el bosque, no escuchaba el sonido de las hojas secas al ser pisadas, o el aletear de los pájaros volando atolondrados al caer la tarde. Sus oídos solo se llenaban con el fragor de las aguas rítmicas de un océano inexistente.

Escondido a veces en su habitación, atrapado en la soledad, cerraba a veces los ojos, y el mar curtiendo el aire con su silbido constante seguía resonando en su cabeza.

Llegó el verano. Marchó a la costa. Se encaminó una mañana hasta el malecón y allí contempló absorto como las olas azules sacudían en andanadas las rocas del fondeadero. La brisa húmeda salpicaba su cara. Y el ya no oía nada. Todo era silencio.

Foto: Ignacio Huerga