jueves, 26 de abril de 2012

Microcuentos primaverales (2)

No quieres recordarlo
No quieres recordarlo aunque sabes que es muy cierto: Hubo un tiempo en que pensabas que la vida era una carretera de doble dirección. Dar marcha atrás era tal vez peligroso, pero, a fin de cuentas, resultaba posible…o eso te decías a ti mismo.  Y ahí estas ahora, tirado en la cuneta, mirando al muro que se levanta delante  tuyo. No hay giro en 'u'. La única escapatoria –piensas- es esperar… ¿esperar a qué?  Una voz interior te susurra;' bájate del coche idiota, y luego camina, e intenta trepar'. Pero no haces caso. Te quedas quieto. A ti la cuneta en el fondo te gusta.

Foto: Luis Echanove

Microcuentos primaverales

Abomina
Teníamos diecisiete años y habíamos comprado aquellos tres libros de tapas blandas en el supermercado solo porque eran los más baratos. Abrimos al azar uno de ellos (¿el de Gramsci? ¿el de Ortega?) y apuntamos a boleo sobre la pagina obtenida:  ' (…) abomina de su propio ser', leímos, partidos de la risa ante aquel ejercicio de irracionalidad plena. Nos juramentamos a emplear aquella ridícula expresión, enlazada a cualquier sustantivo, en toda ocasión oficial posible. Llevamos pues dos décadas y media dejándola caer en conversaciones documentos legales, informes, conferencias y cualesquiera otra ocasiones que la vida nos ofrece.

Hoy, al final de un mes de abril, de pronto caigo en la cuenta de que, tras casi 400 entradas en este blog, nunca la he utilizado aquí, así que ahí va:

La primavera abomina de su propio ser.

Foto: Ignacio Huerga

jueves, 12 de abril de 2012

Miradas penetrantes

Fama y calidad artística nunca han ido necesariamente de la mano. La Gioconda, por ejemplo, es sin duda el cuadro más famoso del mundo. Varias decenas de miles de personas contemplan el pequeño óleo cada día en el Louvre. Se trata, ciertamente, de una obra maestra pero, ¿justifica su calidad estética el interés que despierta en el gran público? A mi modo de ver, en absoluto.

Técnicamente la Monalisa no aporta nada fundamental a la historia del arte: su composición y temática son altamente convencionales (por no decir escasamente originales): Un retrato de medio cuerpo sobre fondo imaginario. Bien es cierto que el cuadro constituye un primoroso ejemplo de utilización de la perspectiva aérea, método  no obstante, que los pintores holandeses venían ya utilizando desde al menos un siglo antes con igual o superior talento.

La mayor cualidad estilística de la Gioconda, como tantas veces se ha dicho, es quizás el magistral uso de la técnica del esfumado, esa indefinición de los contornos lograda a base de superponer finísimas capas de pintura. No obstante, Da Vinci ya había logrado esplendidos efectos vaporosos en obras anteriores; su San Juan Bautista, coetáneo a la Monalisa, ofrece un ejemplo aún más notable  en el uso de ese modo pictórico. Personalmente, incluso tiendo a pensar que parte del esfumado de la Monalisa es más bien resultado de excesivas y pobres restauraciones; prueba de ello es la ausencia de cejas sobre los ojos de la dama, esfumadas sí, pero no por voluntad del artista sino como resultado de inadecuados tratamiento de la obra, tal y como recientes estudios con rayos X han demostrado.

La cualidad de la Gioconda como retrato psicológico ha sido, pienso, también muy exagerada. Mucho se ha hablado de su enigmática sonrisa. Yo, más bien, lo que observo es falta de expresividad. A mi modo de ver, hay al menos otros dos retratos femeninos atribuidos al genio florentino cuyos valores artísticos superan ampliamente a la celebre obra del Louvre: Uno es la Belle Ferronière, exhibida también en el museo parisino (aunque pasa desapercibida para gran numero de visitantes); el otro es la Dama del Armiño, conservada en Cracovia. El supuesto aire misterioso de los labios ligeramente inclinados de la Monalisa es casi una carantoña vacía comparado con ese magnifico sonreír sugerido en la Dama del Armiño. La Belle Ferroniere, por su parte, nos observa con la mirada más penetrante de la historia de la pintura; la Gioconda, por contra, parece en cambio contemplarnos con la frialdad de una estatua de cera. 

Hay quien atribuye la fama de la Monalisa al supuesto misterio que la rodea. Me pregunto: ¿qué misterio es ese? Es verdad que no conocemos la identidad de la mujer retratada, pero eso también sucede con una multitud de otras obras de los grandes maestros (incluida la propia Belle Ferronière) sin que por ello hayan sido rodeadas de ese hálito de ocultismo. Por otra parte, gran parte de ese supuesto aire misterioso es debido al difuso tono broncino, que baña la obra; pero hoy sabemos, gracias a la reciente restauración de la copia de la Monalisa del Prado, que bajo esa patina amarillenta, ganada con la suciedad, la Monalisa esconde colores muy vivos.

La fama de la Giocionda tiene en verdad poco que ver con sus cualidades estáticas intrínsecas. Estas, aunque innegables, están también presentes (muchas veces en grado muy superior) en otras obras, infinitamente menos conocidas, de Leonardo y de muchos otros autores. Todo el mundo conoce la Gioconda porque esta ha sido fruto, a lo largo de los últimos 100 años, de una fabulosa operación mediática. Todo comenzó con su extraño robo en 1911 y posterior recuperación dos años después. El hecho colocó al cuadro (ya por entonces célebre, pero no tanto) en la primera plana de los periódicos de todo el mundo durante meses. A caballo de esos sucesos, la administración del Louvre y el conjunto del aparato publicitario del Estado francés orquestaron en las décadas siguientes, entorno a la obra,  una cuidada campaña de marketing para atraer turistas. Fue entonces cuando las leyendas sobre su misteriosa sonrisa y demás zarandajas comenzaron a tejerse. En años mas recientes, una celebre saga de pseudo literatura  conspiratoria  de gran éxito ha vuelto a poner el cuadro de moda otra vez.

La próxima vez que vayas al Louvre dispuesto  a disfrutar del arte, ignora con desdén a la Gioconda (de todos modos, admirar un cuadro mientras se soportan los empujones de otros cientos de personas que intentan hacer lo mismo que tú  no es una tarea fácil) y en cambio detente un largo y tendido rato ante la Belle Ferronière, en la sala inmediatamente anterior. Vivirás una experiencia inolvidable. 

Imagen: La Belle Ferronière, Leonardo Da Vinci, Museo del Louvre, Paris.


viernes, 6 de abril de 2012

Cerebro de goma

Una de mis distracciones favoritas consiste en divagar, con cierto desorden, aunque siguiendo pistas intuitivamente, a través del vasto universo de Wikipedia. Así ha sido como hoy he conocido a Orlando Sarrel, un tipo norteamericano de mi edad en cuyo cerebro se esconde, probablemente, el secreto de la inteligencia humana.

A los diez años, Sarrel era un muchacho corriente, con una inteligencia y memoria normales para su edad. Un día, jugando un partido de béisbol en el colegio, recibió un fuerte pelozato en la cabeza que le hizo permanecer inconsciente durante unos segundos. Al rato despertó, aparentemente en estado normal, y prosiguió jugando con sus amigos. A partir de este incidente, durante una larga temporada sufría con regularidad intensos dolores de cabeza. No se lo dijo a sus padres y tampoco acudió al médico. Una mañana, se despertó sin dolor alguno y enseguida percibió que algo había cambiado radicalmente en su mente: de pronto era capaz de hacer complejas operaciones matemáticas basadas en las fechas del calendario y recordar de memoria todos los detalles de su vida cotidiana, hasta en los más nimios aspectos. Salvo estas dos habilidades, su cerebro parecía seguir funcionando como siempre.

El hecho de que un fuerte pelotazo en la cabeza pueda dejarnos tontos (esto es, dañe de modo irreversible nuestro cerebro haciéndonos perder cualidades mentales) parece bastante razonable. Pero que ese golpetazo nos vuelva más listos, despertando en nosotros alguna habilidad genial escondida hasta la fecha, parece propio de una película cómica. Sin embargo, la historia de Sarrel es absolutamente cierta, y, además, no es la única. Sarrel sufre (o más bien disfruta) de savantismo adquirido. El savantismo, también llamado síndrome del sabio, es una patología cognoscitiva extraordinariamente infrecuente consistente en poseer una habilidad mental extraordinaria en algo sumamente específico. Los savantistas pueden, por ejemplo, poseer una capacidad fotográfica para recordar paisajes y dibujarlos después y, en las demás facetas de la inteligencia, demostrar resultados normalitos o incluso manifiestamente inferiores a la media. Y es que un porcentaje muy elevado de los savantistas son autistas o sufren otros desordenes mentales. 


Un caso célebre de savantismo fue el de Kim Peek, cuya biografía inspiró el argumento de la película Rain Man, protagonizada por Dustin Hoffman. Peek se sabía de memoria los 12,000 libros que había leído, pero no sabia como abrochar su camisa y tenia grandes limitaciones para desenvolverse en sociedad.

Al contrario que Sarrel, Peek no había recibido de niño ningún pelozato en la cabeza. Simplemente nació así. Al parecer, debido a un problema de su desarrollo embrionario, el cerebro de Peek sufría algo que los médicos llaman agenesia del cuerpo calloso. Para adaptarse a dicha situación, sus neuronas habían desarrollado conexiones inusuales, lo cual explica su memoria propia de una computadora.

Eso mismo es lo que seguramente sucedió dentro de la cabeza de Carrel tras el impacto de la pelota de béisbol; sus neuronas se reorganizaron, haciendo que de pronto se convirtiera en el tipo con la mejor memoria del Planeta para recordar fechas.

Todos poseemos en realidad un cerebro absolutamente plástico. Nuestras conexiones neuronales pueden readaptarse ante estímulos externos. Nada esta pues completamente determinado dentro de nosotros: tal vez todos poseamos la llave secreta de despertar nuetras potencialidades sin necesidad de recibir un pelotazo.

(Foto: Luis Echanove)

martes, 20 de marzo de 2012

Conciencia

Me sulfura esta situación, me descontrola. Puede más que yo. Una parte de mí se niega en rotundo incluso a creerse que sea cierto. No es sólo lo que ha hecho: es cómo lo ha hecho. Aún con todo, lo más aberrante es que los demás lo sepan y nadie reaccione. Por eso él se crece, por que sabe que nadie va a mover un dedo para denunciarle. Es verdad que el tema poco tiene que ver conmigo directamente….pero cada vez que pienso en que todo ese dinero que el capullo se embolsa deja de gastarse en aquello a lo iba originalmente destinado me revientan las entrañas del asco…¡es repugnante!...

Es repugnante sí, pero ¿es que acaso los demás no se dan cuenta? ¿no sienten ellos ese mismo asco que ahora yo, desde que lo sé, también siento? ¿Es posible, acaso, que yo esté exagerando en mi reacción?... desde pequeño me he salido de tono ante las injusticias, pero es que tal vez mi percepción de lo que es o no justo sea un poco exagerada…no digo que forzosamente tal sea la situación pero… ¿y si, de algún modo, el equivocado soy yo? En el fondo me encanta el protagonismo…es más que probable que mi principal intención a la hora de destapar todo este cotarro no sea otra que ganar notoriedad frente al jefe o, aún peor, regalarme esa sensación tan mezquina del “deber cumplido”.

Si soy un poco sincero conmigo mismo debo reconocerme que, en el fondo, lo que más me disgusta de todo esta sucia trama es que me siento tonto. Sí: esa es la palabra, tonto porque disfrazo de moral lo que en el fondo no son sino ganas de notoriedad. Por otra parte, sé que si me rebelo contra este turbio mamoneo me la voy a jugar: primero, porque no dispongo de todas las pruebas; segundo, porque aunque a la larga todo se acabe arreglando es evidente que, mientras tanto, todos los otros me va a hacer la vida imposible aquí. Y eso puede durar mucho tiempo. El cabronazo que está echando la mano a la caja, además, bien podría, al verse acorralo y cegado por la venganza, hacerme cualquier jugarreta sucia que ahora mismo no puedo llegar ni a imaginar. Podría, por ejemplo, mezclarme a mí en todo este rollo, aduciendo motivos falsos… si me quemo en esta batalla no podré luchar en otras guerras, tal vez más importantes, en el futuro.

Así que la pregunta que en verdad debo hacerme es: ¿Merece la pena realmente montar un escándalo? Además, las cifras no son tan elevadas…ya sé que lo mismo da robar uno que cien, o al menos eso dicen. Según como definamos el verbo robar, alguien podría decir que yo mismo he robado alguna vez al ministerio…por ejemplo, aquel recibo de un taxi con una cantidad bastante superior a la que marcaba el taxímetro…la idea no fue mía no, sino del taxista aquel, pero yo no rechisté entonces…si, tan solo eran diez o veinte euros, y ahora en cambio hablamos de miles, tal vez decenas de miles…pero, como quien dice, en robar todo es empezar. Yo no soy mejor tipo que el chalado este.

Me creo un santurrón, sí, eso es lo que me pasa…me planteo denunciar este tinglado sólo para figurar de héroe, pero soy igual o peor que él. ¿Quién podría asegurar que si no tuviera acceso diario a la cartera de pagos y tratar con los proveedores no terminaría arrancando algún pellizco?... Además, el tipo se queda con dinero que no es suyo, pero quiere a sus hijos, y a su mujer…nunca diría que es una mala persona. Tiene ese defecto, sí, pero, “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”, como me decían los curas en el colegio. Y además, es posible que realmente necesite el dinero…que sé yo de su vida, igual tiene un familiar con leucemia o algo así y tiene que sufragarle la hospitalización en Huston… ¿ que coño sé yo de subida? Estoy juzgándole por una cosa mala que hace, pero no conozco el contexto general. Y además: estoy dispuesto a echarme sobre los hombros la responsabilidad de hundir la vida de su familia?¿Cómo se sentirían sus hijos si su padre acabase entre rejas?

Bueno, parece que ya voy teniendo las cosas un poco más claras. Menos mal, me siento bastante más relajado…menudo sofoco, no puedo vivir con este estrés encima, mejor olvido todo el tema y a otra cosa. Y si el asunto tiene que destaparse, ya se destapará sólo antes o después. Más me vale, por una vez, evitar el meterme en problemas yo solito.

(Foto: Luis Echanove)

jueves, 15 de marzo de 2012

Mi casa la palabra

Por aquel camino se llega al mar,
por aquel sendero largo y solitario…

Luisa Antolín

Luisa Antolín (Chiki, para muchos de nosotros), es, además de amiga imprescindible desde hace veinte años -¡el tiempo vuela, como, los trapecistas en sus pértigas!-, cuentista, amante de las letras, de los senderos, del color del mar en Menorca y… de los versos. Y tanto la gustan a Chiki los versos que, hace ya algunos años, comenzó ella también a escribirlos con ahínco y a conciencia, sufriendo ese dolor cruel de combatir con las palabras cuando no llegan, y esa alegría de descubrirlas solas cuando aparecen en el papel mágicamente. Pero al final, en sus poemas, ese conflicto apenas sí se intuye, porque en la poseía de Chiki cada estrofa, como hilvanada en un telar mágico, brota sola y firme, como surgida de un mundo que ya conocíamos, aunque lo hubiésemos olvidado.

Cada palabra en los versos de Chiki es certera como el dardo; ocupa ese lugar misterioso que pareciera corresponderle desde siempre.  Chiki escribe pinar, sendero, sangre o espejo y, de solo leerlas, se obra en nosotros el milagro de estremecernos. Y uno a veces con sus versos llora en silencio, y otras veces sonríe…Chiki conoce el secreto de la comunicación con las entrañas, con lo primigenio, con eso que llevamos dentro que, de tan antiguo, resulta nuevo cada vez que aflora.

Chiki nos escribe desde dentro de ella misma, con una autenticidad desbordante, con sabor a bocanada de aire fresco en una tarde larga de verano; y además lo hace con la pericia de la artesana que pule su obra antes de ofrecerla. Por eso sus poemas, además de emocionarnos, nos producen respeto: el respeto ante la maestría.

Y todo esto viene a cuento de contaros que Chiki ha estrenado blog – Micasalapalabra, se llama, y está aquí: http://saturnia-vuela.blogspot.com/. Si tenéis curiosidad por sus versos y otras creaciones, asomaros a su lago virtual…y ya veréis: terminareis nadando en él (¡o sumergiéndoos dentro!). Disfrutadlo. 

Foto superior: Luis Echanove, inferior: Ilustración de Juanma Santome 

martes, 13 de marzo de 2012

El hombre solo

Una minima fracción de la familia humana vive aun en situación de absoluto aislamiento con respecto del resto (1). En lo más espeso de la Amazonía y de las selvas de Nueva Guinea (2), varias docenas de grupos étnicos permanecen al margen de la gran corriente cultural unificadora, completamente separados de la tupida red de enlaces que nos une a los demás en esa maraña llamada la aldea global. Casi siempre solo sabemos de su existencia por indicios indirectos: cabañas abandonabas en la jungla, leyenda y rumores sobre su presencia…a veces, una avioneta descubre casualmente una aldea de indígenas en un claro en medio de la inmensidad del bosque y filma la escena de los amedrentados lugareños disparando sus flechas al aire, contra el pájaro de metal, presas del terror. Las imágenes dan la vuelta al mundo y, por un segundo, viendo el telediario del medio día, volvemos a recordar que aun hay otros mundos, aunque estén a punto de extinguirse.

En algunos casos, esas elusivas tribus incluso desconocen la existencia de otros seres humanos. En la mayoría, en cambio, han optado en realidad por esa separación voluntaria, amedrentados ante el avance de la 'civilización',  en forma de deforestación, latifundistas hambrientos de tierras y compañías mineras ávidas de los recursos del subsuelo. Brasil, para poner coto a estos desmanes, comenzó hace unos años a crear áreas protegidas para exclusivo uso de esas tribus sin nombre y de las que apenas nada sabemos.

Muchos consideran la decisión consciente de negar a estas personas el acceso a la salud  o educación modernas una crueldad inadmisible, como si tales grupos humanos careciesen de sus propias respuestas ante la enfermedad y de sus propios modos de educar a su prole. De todos modos, con la creación de estas 'reservas', las autoridades no buscan solamente preservar la identidad propia de estos grupos, en base a la defensa del relativismo cultural o imbuidos por al mito del buen salvaje. Se trata, en última instancia, de proteger a estas personas frente al extermino físico. Y es que, para los pueblos tribales aislados, el mero primer contacto con las gentes del mundo exterior provoca en poco tiempo una mortandad masiva, dada su falta de inmunidad frente a muchas de nuestras enfermedades actuales.

En el Estado brasileño de Rondonia unos cientos de hectáreas forestales han sido demarcados recientemente para el uso  disfrute exclusivo de un único individuo: se trata del último superviviente de una de estas tribus sin nombre. El grupo vivió en completo aislamiento del mundo exterior hasta hace pocos años, cuando una banda de rancheros se topó con ellos y asesinó  a sangre fría a todos los miembros de clan tribal excepto a uno, que logró escabullirse en la floresta.  Esto, al menos, es lo que los antropólogos dedujeron cuando hallaron en la zona  trampas para animales, restos de fogatas y otros indicios de la presencia de un único individuo viviendo solo en lo más tupido de la selva.

Este  último representante de su pueblo vive en la soledad más absoluta, sin nadie con quien siquiera hablar. Incluso aunque se topase con otros seres humanos, nada podría expresarles en palabras, puesto que ya solo él habla su idioma (3).

De modo completamente casual, recientemente fue brevemente filmado en la distancia, escondido entre unos arbustos.  Es imposible no conmoverse viendo su rostro asustado, lejano y cercano a la vez. Es, sin duda, el hombre más solo del Planeta (4).

Foto superior: Luis Echanove, inferior: Survival Intetnational
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(1) La pagina 'Uncontacted Tribes' de la ONG Survival International contiene copiosa información sobre las tribus no contactadas, incluidos mapas con su localización. http://www.uncontactedtribes.org
(2) Y también en la isla  de Sentinel del Norte, a cuyos pobladores ya dediqué un par de entradas en este blog:
(3) Sobre el asunto de las lengas habladas por una o muy pocas personas, véase la entrada:
(4) Video del encuentro:

lunes, 5 de marzo de 2012

Hamburguesas artificiales y el español en Belice

No comprendo porqué la mayor parte de los medios de comunicación destacan siempre en sus titulares y portadas un reducido numero de posibles hechos de la realidad (desastres naturales, guerras, reuniones políticas, los índices bursátiles, los resultados futbolísticos, el tiempo y la pluvosidad previstos y poco más) Se supone que son las que más interesan; aunque yo más bien pienso que nos tragamos lo nos echen. El criterio de que lo inusual es noticia, y lo habitual no lo es, tampoco me convence. ¿Hay algo más cotidiano que el hecho de que Soria marque la temperatura minima de España o que el Madrid y el Barcelona ganen un partido de futbol? Sin embargo de esas cosas hablan también los telediarios. Para mi la relación entre los periodistas y la gente (ese organismo anónimo del que todos y cada uno de nosotros somos una simple célula) es de naturaleza onanistica -o, para ser menos brutal, llamémosla simbiótica: los medios destacan el tipo de noticias que el público busca encontrar en ellos, y  el público espera tales clases de noticias porque son las que tradicionalmente los medios les ofrecen.

Veamos un par de ejemplos recientes de noticias que, pese a su evidente relevancia objetiva, no acapararon ni una reseña breve en informativos televisivos o en primeras planas:

(1) Por primera vez en 50 años la lista de los países en los que el español es la lengua mayoritaria acaba de incrementarse. Ha sido además la única ocasión en la historia, hasta la fecha, en que la lengua de Cervantes reemplaza al inglés como idioma principal de una nación. Acaba de suceder en Belice, un pequeño país centroamericano, hasta ahora mayoritariamente anglófono, donde la creciente inmigración de hispanohablantes y la alta tasa de natalidad de los mismos han colocado al castellano, según las estadísticas oficiales de enero de 2012, a la cabeza sobre el inglés. Todavía estoy esperando leer la noticia en algún medio de prensa español.

(1) Leo en un artículo secundario de The Economist que un tipo en Estados Unidos ha logrado fabricar algo parecido a una hamburguesa de origen animal en su laboratorio y se dispone ahora a comercializarla. El producto se elabora a partir de células madre de músculo de vaca, multiplicadas después por millones en los tubos de ensayo. La MacProbeta tecnológica todavía resulta algo costosa para el gran público (un cuarto de millón de euros el filete)  pero estoy convencido de que en pocos años (muy pocos, seguramente) perderemos los escrúpulos a la carne generada artificialmente. Y es que, por mucha grima que el asunto pueda dar a primera vista, lo cierto es que, los beneficios medioambientales e incluso morales de producir la carne de este modo parecen evidentes: enormes regiones del planeta dedicadas a pastos podrían revertirse en bosques; los  vegetarianos lograrían al fin comer carne sin sentirse cómplices de un animalicidio (para extraer las células  madres a la vaca no hace falta sacrificarla) y, aquellos de nosotros incapaces de diferenciar el gusto entre un chuletón y un filete ruso, apenas sufriríamos con el cambio. Claro está que pastores, ganaderos, matarifes y carniceros perderían sus empleos y vacas, ovejas o cerdos su razón de ser (tal vez sobrevivirían apenas algunos ejemplares, confinados a los zoológicos).

¿A que os han parecido interesantes estas noticias? No os gustaría un día encontraros con asuntos como estos en los resúmenes informativos de los noticieros o en la pagina principal de la Web de vuestro periódico favorito?

(Foto: Luis Echanove)