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viernes, 27 de mayo de 2016

Segundo insondable

El dolor mudo 
que deja una canción
cuando termina. 
El paisaje fugaz 
de un tren en marcha. 

La promesa sugerida. 
El trazo en un boceto. 
La luz tenue. 
El susurro quedo.  

Las lagrimas que no se lloran. 
El libro que nadie ha abierto. 
El hueco entre dos viñetas. 
Las lindes, los senderos, los atajos. 

La mirada robada. 
La llamada en espera. 
El numero erróneo. 
Las caricias imaginadas. 

El árbol que no se mira. 
Las olas que ya se han roto. 
Un verso que Machado 
nunca lograba acabar. 

Las horas mustias, 
sin ruido, de la tarde. 
Los minutos aguardando 
el segundo insondable.

martes, 3 de noviembre de 2015

Nada en medio

Yo te quiero por cosas muy cotidianas,
como tu manera de inclinar la cabeza
cuando sales de la ducha,
o el modo despistado con que miras
a través del cristal cuando viajamos en coche.

Te quiero porque te gusta que la gente
sonría cuando hablas, y porque,
aunque casi nunca lloras del todo,
cuando lo hace me conmueves
hasta romperme de cuajo por dentro.

Te quiero porque eres flaca y tu cintura suave,
porque duermes con antifaz
y bebes a sorbos los placeres de la vida.
Te quiero a lo largo de tus piernas infinitas
y de tus labios jugosos.

Y te quiero también por las cosas grandes,
por los logros difíciles,
las horas de desvelo
y las conversaciones dolorosas.
Te quiero porque la vida sin ti
no es vida, sino vacio.

Te quiero porque allí donde tú acabas
yo empiezo,

y no hay nada en medio. 

jueves, 19 de mayo de 2011

Hombres como montañas

(2) Vazha-Pshavela

Era un día desapacible, de esos que, aunque no haga viento, uno lo siente. El río caudaloso se arremolina entorno a las rocas puntiagudas trazando dibujos psicodélicos de espuma. El museo estaba cerrado, pero no me sentí decepcionado. El viaje había sido largo y pesado, aunque no tenía motivo para queja. Allí estaba yo por fin, frente a la rustica casa de piedra, en medio del collado nevado. Allí estaba yo, en el mismo lugar donde Vazha-Pshavela pasó la mayor parte de su vida escribiendo, meditando y recorriendo los caminos de montaña.

Luka Razikashvili (ese fue su nombre de oficial), nació en 1861 (*) en Pshavi, un agreste valle del Cáucaso georgiano. De familia rural acomodada, hizo estudios universitarios en San Petesburgo (en aquel tiempo su país formaba parte del inmenso imperio zarista) pero la llamada de las montañas pudo más que sus ánimos de adoptar una vida cultivada y burguesa, así que decidió regresar a Chargali, su remoto villorrio de montaña. Allí pasó el resto de sus días, dedicado a contemplar la naturaleza, a indagar en las costumbres arcanas de los jevsures, los pshavios y otras tribus de la montaña y a escribir poemas épicos brillantes y rotundos.

Su vida de eremita, en lugar de aislarle del mundo y de los problemas del hombre, le abrió de par en par las puertas del humanismo. Vazha-Pshavela, como Walt Whitman en Estados Unidos, supo extraer del contacto con la vida campestre, lecciones universales, sobre la paz, la búsqueda de la armonía o la hermandad del genero humano. Bien es cierto que los poemas de Pshavela se ambientan siempre en ese mundo pequeño que habitó. Nos habla, por ejemplo, de las guerras eternas entre los chechenos y las tribus georgianas de montaña. Pero su mensaje no es localista ni provinciano. Todo lo contrario. El ambiente que describe es solo la base para un mensaje de contenido netamente universal. El pacifismo y el ecologismo de su obra lo convierten en un autentico pionero del pensamiento humanista más radical. Mitad cantor de gesta, mitad místico, los versos de Vazha-Pshavela son un grito desde el fondo de la tierra, un grito furioso, pero un grito de paz.
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(*) Este año se cumple el cien aniversario de la muerte del poeta. Se organizará una verbena a su memoria este verano. El alcalde pedáneo de Chargali da por hecho que Alain Delon acudirá al festejo. Me contó que leyó en una revista como el actor francés logró recuperase hace años de una depresión profunda tras leer un poemario del bate georgiano, así que decidió enviarle una carta invitándole para presidir las fiestas.