Los años han ido pasando. Has descubierto en ellos, al dorso de cada hoja del calendario, que no importaban las fechas. (Foto: Nacho Huerga)
Las cosas fueron perdiendo su importancia. Se volvieron más livianas, y por ello, también más elevadas; ahora podían volar al soplo de cualquier viento y alzarse, o diluirse en vapor para volver a tí mutadas en una lluvia de sugerencias o recuerdos.
Hay que rebuscar con ahínco en la enorme biblioteca para dar con el relato. Es un libro corto; casi un folleto; apenas unas cuartillas cosidas, protegidas en guardas de hule y cerradas con una goma elástica. Parece un cuaderno escolar, o el diario aburrido de un tipo cualquiera. Escrito en la cubierta, en tinta azul pálido, puede leerse: "Método preciso para desempeñarse bien en la tarea de transcurrir". Y como nunca se ha encontrado ese librito y, aun de encontrase, nadie lo leería, vive desvalida la humanidad toda, sin una guía clara que de sentido a sus transcurrires.
No soy monárquico y estaría encantado de que mañana mismo se proclamase la Tercera República. Aunque espero y aspiro a que Cataluña siga en España, me parece razonable que tenga lugar un referéndum sobre su futuro y respeto profundamente la opinión de los independentistas -como, por otra parte, la de todo el mundo, siempre que se expresen democrática y pacíficamente.