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viernes, 5 de julio de 2013

Inmensidad

Cuando yo era niño batallaba con las olas. Jugaba a saltarlas, y cuando venían ralas, provocaba al mar con insultos para enfurecerle. ¡Idiota, mar! ¡no puedes conmigo!- gritaba.  Enfadado, el océano me atacaba entonces con embates mucho más fuertes, que a mi me hacían saltar como loco, revolcándome entre la espuma. Feliz al fin, yo le pedía perdón al mar por haberle ofendido y le daba luego las gracias.

Al final de la tarde, con la luz del sol ya bañando de cobre la superficie inmensa del agua, me tumbaba sobre la arena húmeda, y me dejaba acariciar por ese mismo mar, ahora dócil. Abrazado por su frescura maravillosa, cerraba los ojos sin pensar ya en nada,  mecido por la inmensidad.

(Foto: Nacho Huerga)

viernes, 25 de noviembre de 2011

Soledad (2)

A mi padre

Navegas en busca del crepúsculo, escondido en el mar que llevas dentro. Sabes bien que, bajo las olas, un mundo frío y distante te arropa. Miras al frente, como entreviendo la línea distante de un horizonte apenas dibujado entre las brumas.

Solo, sí, porque aunque hables, aunque grites, aunque ores, nadie responderá a tus palabras, ni recibirá tus gritos, ni escuchara tus plegarias.

Sólo en tu barca, atrapado en un océano inabarcable de espumas caprichosas y preguntas sin respuesta.

(Foto: Luis Echanove)

jueves, 3 de julio de 2008

Sueño con el mar

Ayer de mañana, temprano, cuando todos dormían menos los pájaros, las hormigas y los árboles, soñé con el mar.
Vi un pez sin nombre navegando sobre la cresta de las olas. Vi también un rayo de luz cruzando el cielo. Su resplandor cegaba a las nubes.
“Ya entiendo”, me dije, “el océano guarda una respuesta”.

(Foto: Luis Echánove)