(c) Juan Echanove. 2014
viernes, 5 de septiembre de 2014
miércoles, 16 de julio de 2014
Vanguardia y retaguardia
Todas las guerras son absurdas, pero
unas son más absurdas que otras. La Primera Guerra Mundial fue, tal vez, la más
absurda de todas. Millones de jóvenes dejaron su vida en las trincheras de esos
frentes de aspecto lunar que nunca avanzaban ni retrocedían. Días, meses, años de lodo hasta las rodillas;
de ratas y frío, de mutilaciones horribles; de agonías sin consuelo, de
sufrimiento sin sentido.
Se han cumplido ahora cien años del
inicio de ese conflicto que cambió la historia de Europa para siempre. Dos
comics, altamente complementarios entre sí,
pueden servir de excelente guía para al menos comprender lo que sus millones de protagonistas padecieron.
El comic, pese a su aparente
inocencia, puede ser en realidad un medio poderosísimo para sumergirnos en
sensaciones y situaciones ajenas. Es curioso como el dibujo logra muchas veces
mayor impacto emocional que la fotografía o como una historia contada en
viñetas puede resultar en ocasiones mucho más vívida y elocuente que una
película. Y eso es, precisamente, lo que los dos libros de historitas de los
que aquí me voy a ocupar logran: colocarnos bajo la piel de los personajes
atrapados en esa sinrazón de la Gran
Guerra .
Editado por vez
primera en 1993, C'était
la guerre des tranchées, del dibujante francés
Jacques Tardi, es ya considerado un álbum grafico
de referencia. En lugar de una narración articulada y coherente, la obra nos
describe retazos sueltos, cuentos cortos,
de la miserable vida de los soldados en la primera línea de fuego. Aplaudido
por su milimétrica exactitud histórica, todo en este tebeo parece obra de un
archivista obsesionado con la fidelidad de los detalles: Uniformes, armas,
paisajes….todo apabullantemente documentado. Tanto realismo, no obstante,
contrasta con el aire un poco caricaturesco de los personajes, cuyos excesivos
gestos y rasgos algo exagerados, los hace
a veces parecer más muñecos que seres reales, y por ello, también, aun más
vulnerables, más inocentes, más victimas.
Los soldados de
Tardi son ya seres sin esperanza, pero con memoria; con recuerdos de lo que
fueron antes de sumergirse en esa nulidad del ser humano que es un ejército en
combate. Porque el tebeo de Tardi es, sobre todo, un demoledor alegato contra
la guerra, los nacionalismos y la manipulación política. Las historias son
desgarradoras, y difíciles de olvidar, como esa del general que bombardea a su
propia tropa para evitar que se retire derrotada o que manda fusilar a algunos
de sus hombres, elegidos aleatoriamente.
Finnele, de la autora alsaciana Anne Teuf es,
en cierto modo, un contrapunto al libro de Tardi…y también su complemento
perfecto. Al contrario que en C'était la guerre,
Finnele no nos habla de batallas y de la vanguardia del frente, sino de la
retaguardia, de la vida que ha dejado de ser cotidiana para los civiles, bajo
la sombrea de la guerra. El protagonista
colectivo de Tardi –esa masa de soldados anónimos y desesperanzados- es
reemplazado en Teuf por un carácter principal con nombre propio (la niña Finnele)
y lleno de alegría y esperanza. Hasta en el estilo artístico uno y otro libro parece las caras opuestas de una misma moneda: el trazo grueso de Tardi es dibujo fino en Teuf; las sombras de carboncillo en Teuf, son tramas de tinta en Tardi. Finnele, con ocho años, vive la guerra como un escenario familiar, aventurero a veces, cotidiano otras…un escenario tras el cual unas vidas son segadas y otras prosiguen su cauce. La guerra como razón de ser y de no ser, la guerra como gran monstruo caprichoso que devora o rescata.
A fin de cuentas, leídos los dos tebeos, a uno
le queda esta extraña sensación de boca de que nada hay tan inhumano y a la vez
tan radicalmente humano como la guerra.
martes, 15 de julio de 2014
lunes, 7 de julio de 2014
Bone
'Voy
a recomendarte algo que le va a gustar a tu hijo y también te va gustar a ti’, me dijo en tipo de la tienda de
comics con un aire de revelar un secreto muy bien cuidado. Sacó de la balda el pequeño
tomo de tapas brillantes con la imagen de unos monigotes muy narigudos en la
portada. ‘Cuando lo lea tu hijo –me dijo,
mirando a Juanito, de ocho años- se va a divertir un montón. Y cuando lo leas
tú, te va a enganchar también’. Picado por la curiosidad, no pude dejar de
comprar el librito. Luego, poco a poco, siguieron otros ocho, hasta casi
completar la colección de Bone. Mi asesor
de tebeos tenía razón: Juanito quedó hipnotizado con Bone desde la primera viñeta…y
yo también.
Bone es el fruto de la obsesión
delirante de Jeff Smith, un dibujante yanqui que durante una década entera no hizo otra cosa más que escribir, dibujar,
editar y auto-publicarse sus historietas de manera un tanto rudimentaria, hasta
que poco a poco despertó el interés del la crítica, llegaron los premios y se convirtió
en un autor de culto entre los aficionados más trendies del obtuso mundo del cómic.
Bone es una saga épica, ambientada en
un mundo de fantasía, que alguien ha llegado a calificar como una suerte de versión
más divertida de El Señor de los Anillos. En efecto, ciertos aspectos generales podrían recordar
a la obra de Tolkien, como esa presencia sigilosa de un mal que resulta
inefable, o la fragilidad intrínseca del héroe. Los bones, la raza de narizones
caricaturescos que sirve de hilo conductor de la historia, recuerdan de algún modo,
con sus torpezas y su entrañable ingenuidad, a los hobbits; los mostroratas
que les persiguen incansablemente parecen versiones agigantadas y algo más inquietantes
de los orcos.
Pero los paralelismos terminan ahí. La
cultista y detallada tramoya histórica y antropológica con que Tolkien revistió
a su obra (esas influencias enciclopédicas de las leyendas germánicas y
celticas, los juegos lingüísticos…) falta por completo en Bone, lo cual, en el
fondo, hace que la ambientación resulte mucho más libre, imaginativa y, de algún
modo, menos pretenciosa. Bone está repleto de guiños humorísticos, muchos aptos
para pequeños y mayores (como la hilarante carrera de vacas), otros en
realidad, enfocados solo a los más grandes; abundan también los reflejos críticos
de la realidad (como la volátil actitud
del pueblo frente a los líderes, o los engaños constantes del tramposo,
avaricioso y ultra-liberal Phoney Bone). En resumidas cuentas: Las historias de
Bone carecen de la gravedad cuasi teatral de Tolkien y resultan, por ello, más
digeribles… pero no por ello más simples. Porque si algo destaca en la obra de Smith es
ese aluvión brutal de creatividad, esa diarrea de argumentos y sub-argumentos
entrecruzados…a veces incluso excesiva.
Porque, a decir verdad, leyendo Bone
se tiene la sensación de que la trama no fue construida a partir de a una noción
preconcebida, sino que más bien fue siendo inventada sobre la marcha. La ventaja
de ese cierto caos en el guión es que uno nunca sabe de verdad lo que va a pasar
en la página siguiente, lo cual hace que la historieta, a fin de cuentas, se
parezca mucho más a la vida real de lo que cabría esperar para tratarse de una
fabula de tono épico. En Bone los personajes vacilan, a veces se repiten; algunos
de sus actos resultan totalmente irrelevantes; otras veces, sencillamente, hay páginas
que sobran…y no obstante, o tal vez por eso mismo, la historia
engancha muchísimo.
Lo mejor de la obra es, pienso, la construcción de los personajes.
Thorn, la abuela, cada uno de los tres bones… son sujetos de perfile definidos,
realistas, pero a la vez multifacéticos y, hasta cierto punto, libres en su
destino y no atados del todo a los estereotipos de sus respectivas personalidades.
Llevo un buen rato deshuesando el estilo narrativo de este comic y aun no
he escrito una palabra sobre la calidad del dibujo y el diseño. Y es que, a
decir verdad, creo que en este punto mi opinión y la de los pocos otros friquis
entusiastas de la obra de Smith difieren de manera notable: Aunque a algunos les
suene a pecado mortal, confieso que a mí los dibujos de Bone no me llaman
especialmente la atención. Claro esta que accedí a esta obra en su versión coloreada,
y no en original a blanco y negro que tantas pasiones ha despertado. En todo
caso la estética de Bone me resulta demasiado propia de los dibujos animados, más
que del arte del comic.
No obstante, esta serie de tebeos me encanta.
Como en el Valle ficticio de este cuento de fantasía desbordada, también en la vida real la historia nunca está predefinida, ni en destino de nuestras vidas escrito en piedra imborrable. Eso es, seguramente, lo que engancha tanto en Bone.
sábado, 5 de julio de 2014
El Buda Celeste
Cada dos semanas voy con mis hijos a
la Mediateca francesa de Tiflis. Allí nos proveemos todos de cantidades
ingentes de libros que después devoramos a bocados, tirados en los sofás del
salón en las tranquilas tardes del domingo. Hoy, rastreando en la sección de comics, he dado de manera
casual con el tomo uno de Le Bouddha
d’Azur, del autor suizo Cosey. El
álbum contaba con todos los elementos necesarios para atraparme: ambientación
exótica (Tíbet), fidelidad exquisita
a los detalles (paisajísticos, arquitectónicos, antropológicos…); dibujo
preciso, claro y limpio; y argumento misterioso y aventurero pero
verosímil. Resulta una delicia disfrutar de los esmerados y bellos dibujos de Le Bouddha d’Azur. Pero, más allá de la estética gráfica, lo verdaderamente cautivador de este comic es el argumento: una simple y a la vez compleja narratitiva de amor adolescente, cruzada por muchas pequeñas historias de amistad, y de dolor también; todo ello aderezado con un aire de misterio, mística y magia que, por alguna extraña convergencia, parecen extraídos de un ensayo de Mircea Eliade o de una novela de Kipling.
Cosey creció profesionalmente
a la sombra de Hergué y la escuela de la línea clara y, juzgada superficialmente, su obra podría
parecer una mera continuación de esa senda ya tan trillada. Fiel a los
principios básicos de la clásica tradición belga, las páginas de Le Bouddha d’Azur se van desenvolviendo
en un formato casi cinemático. Cada viñeta es un elaborado ejercicio de
fidelidad a los detalles y a la vez a la transparencia. Los familiares colores
planos, el esmerado dibujo a la tinta…
No obstante, desde la primera página nos damos cuenta de que nos encontramos frente algo sutilmente diferente: un grosor mayor en los trazos, la menor obsesión con la delimitación de los colores o esa difuminación imperceptible que, en Hergué, hubiera resultado anatema.
No obstante, desde la primera página nos damos cuenta de que nos encontramos frente algo sutilmente diferente: un grosor mayor en los trazos, la menor obsesión con la delimitación de los colores o esa difuminación imperceptible que, en Hergué, hubiera resultado anatema.
Pero hay algo más que hace a Cosey esencialmente diferente,y es que ese tono
infantiloide, tan irritante a veces, de los álbumes de Tintín, es en cambio en
Cosey madurez plena. Las escenas de Cosey parecen como versiones maduras de la aventuras de famoso reportero belga.
Lo que en Hergué sería
enfermizamente asexuado o ramplonamente maniqueo, en el álbum del viñetista suizo es
deliberadamente sugerente o políticamente comprometido. Porque Le Bouddha d’Azur
no es, valga decirlo, un comic apto para niños…pero tampoco es, ni mucho menos,
lo que se suele llamar un comic de adultos (que parece sinónimo de tebeo
pseudo-porno).
Cosey es a Hergue lo que Jung fue a Freud: El discípulo valiente que sabe
dar un paso adelante y, a partir de la veta abierta por el maestro, incurrir en
mundos nuevos, muchos más poliédricos de lo que su mentor nunca pudo llegar a soñar.
No tenían en la mediateca el tomo dos de la obra, y ya
me desvivo por conseguirlo.
lunes, 30 de junio de 2014
viernes, 27 de junio de 2014
Junio
Es la misma ciudad. La calle ha
cambiado poco. Alguna vez pisaste antes esas mismas aceras… alguna vez sí, pero
no eras tú. Entonces pensabas que el mundo era pequeño y tú grande. Ahora sabes
que el mundo es grande y tú eres pequeño.
Es la misma ciudad, pero tú eres
diferente.
(Foto: Luis Echanove)
Dedicado a Carmen, mi hija, que traduce al inglés lo que escribo y hace
canciones con ello.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Enlaces y desenlaces
- Articulo sobre los cultivos transgénicos, El País, 2016
- Entrevista en el Georgian Journal, 2015
- Viñetas didácticas sobre agricultura, 2014
- Condecoracion con la Orden del Toisón de Oro, Georgia, 2015
- Articulo de la FAO, 2009
- Entrevista despues del huracan Katrina, Filipinas, 2009
- Articulo sobre cambio climático y bosques, Filipinas, 2009
- Recuento de cooperantes en el mundo, ACP, 2005
- Articulo sobre Palestina en El Pais, 2001
- Articulo sobre Guatemala, 1997
- Breve sobre guerra de Los Balcanes, El País, 1995







.jpg)


