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domingo, 17 de noviembre de 2013

En la eternidad

La luz de la luna duerme en el bosque sobre una cama de sombras y sueña que la lluvia del verano es solo un susurro en la espalda.

(Foto: Ignacio Huerga)

sábado, 12 de junio de 2010

Murmullo

Murmullo de río. Llegó un verano, y otro. Faltaba lluvia que colmar tu sed de muerte marina. Un verano más. Las montañas, desnudas de nieve, eran puro risco, amenazando al cielo con gritos en la garganta. El rugido del agua en el cielo no hizo el contrapunto a su voz guerrera.

Otro verano, y otro, a cual más seco. El río no era ya río, ni torrente siquiera. Era hilo avergonzado, salpicando sin dolor a los cantos de sus profundidades. Murió el musgo. Los cañaverales se doblaron del dolor y el cauce fue, al fin, cadáver.

Murmullo de río...tu estruendo no compite ya con el viento. Nadie moja sus pies en tus riveras.

Murmullo de río, murmullo muerto. El cielo venga hoy tu desdicha.

Un cordero ha muerto, atrapado por el rallo.

(Foto: Juan Echánove)

martes, 27 de abril de 2010

Cielo negro

Y tu dices que la lluvia te duele, pero yo sigo mirando a través de la ventana y solo veo gotas, gotas que humedecen los vidrios, gotas que rascan el aire y que envuelven mis recuerdos.

(Foto: Luis Echanove)

jueves, 14 de enero de 2010

Reverso

Deslizaté, cuerpo de nubes enhebradas.
Baila al son azul del cielo limpio.
En el verde lecho de la espalda
una lluvia joven se te pierde.

Afilado viento de la tarde
enjuaga tus ojos
sobre el campo.
Barre tu mirar
y hazlo otra nube
que moje esa piel
de prado suave.

(Foto: Luis Echánove)

miércoles, 21 de enero de 2009

Lluvia en el valle

Estaba tirado bajo un manto. Mientras, llovía fuera, fuera de su cobijo de tela, de su cubierta ligera, de su estar desprotegido.

La música de la lluvia cayendo le recordó alguna canción lejana. El temporal no amainaba. Canturreaban las gotas su melodía, y el silbaba con los labios entumecidos, como espantando al frío. Llovía sin cesar. El cielo parecía volcar un torrente de aguas turbias sobre su cabeza.

Y de pronto, cesó el estruendo y un gran silencio se apoderó del valle. Dejó al un lado el viejo sayo protector y miró a las estrellas. Era noche cerrada. Un lodo fino cubría la pradera. Nada sonaba ya, ni el silbo del chubasco ni esa canción lejana dentro de su cabeza.

Caminó sin rumbo unas horas. Después, cansado, se echó sobre su manta, aun muy húmeda. Durmió placidamente, como un lobo agotado tras la caza, o tal vez como un corzo exhausto de huir, perseguido por el lobo.

Cuando amaneció, el hombre ya no estaba allí. Quedaba solo su manta, yaciendo vacía, extendida sobre el musgo, como un muerto sin dueño.

Nunca nadie volvió a ver al hombre de la manta por el valle. Dicen que, cuando llueve mucho, regresa en silencio. Quien sabe... tal vez sea cierto.

(Foto: Luis Echanove)

domingo, 10 de agosto de 2008

Hay un poema en mi nevera

Acerca de lo esencial

Cuando ella está triste,
su sombra va languideciendo
detrás de mi jardín.
La lluvia toma mi susurro.
Los pétalos me observan.

Es cierto que la vida canta siempre
por encima de nosotros.
Recordemos pues el verano
y digamos a estos sueños
que no brillen todavía.

Huele la tormenta
y abandona el bosque.

Un día juntos nunca se detiene.

(Foto de Luis Echanove)