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viernes, 2 de diciembre de 2011

Bajo los planetas

Tres estrellas alineadas
se asoman entre las nubes
en una noche silenciosa;
(aunque dentro, en la habitación,
el calefactor emite su sonido familiar).

Acaba el día sobre la ciudad
atrapada entre montañas.
Yo miro a esas estrellas
y pienso en sus planetas lejanos,
que no veo, a lo lejos,
al fondo del cielo oscuro,
allí donde las montañas,
las ciudades, las nubes
y mi habitación desaparecen
en un torrente de silencio.

(Foto: Luis Echanove)

viernes, 17 de junio de 2011

Abducción estelar

Desde hace unos días hay una estrella menos reluciendo en el cielo. Un agujero negro se la acaba de tragar. Claro está que la insaciable voracidad de los agujeros negros se cobra víctimas estelares constantemente. La novedad, en este caso es que nosotros, los terrícolas (o al menos los astrónomos dedicados a sondear el firmamento) esta vez nos hemos coscado, en vivo y en directo, del estrellicidio.

Pobre estrella anónima. Fallacer deglutida por un agujero negro es, para un cuerpo estelar, el equivalente a un asesinato. Las estrellas, comúnmente, expiran de envejecimiento natural, o tal vez sería mejor llamarlo suicido no asistido: se enfrían y acaban contrayéndose hasta fenecer en una implosión, acompañada de un festival de rayos gamma. La desdichada estrella que el agujero negro se tragó se ha perdido ese fin glorioso. El crimen cometido por el agujero negro ha sido, además, alevoso: la estrella, mientras era deglutida, fue desmembrada, troceada, hecha añicos. El agujero negro la liquidó con saña, a la manera como un psicópata descuartiza a sus victimas.

Aunque, visto de otro modo, si eres una estrella, caerte en un agujero negro no deja de resultar un acto accidental. El agujero negro no sale en búsqueda de la estrella para cazarla: la despistada estrella se precipita allí sin darse cuenta.

Y es que, al igual que sucede entre los humanos, las relación entre las estrellas y los agujeros negros resulta cuanto menos paradójica. Y es que, a fin de cuentas, los agujeros negros también fueron una vez estrellas ellos mismos.

Dicen que nacemos bajo el designo de una estrella. De ser ello cierto, mi gran preocupación ahora es lo que el destino les pueda deparar a aquellos desdichados cuyo signo estaba marcado por la estrella que el agujero negro acaba de abducir. Tal vez, con un poco de suerte, la estrella desaparecida era la que guiaba el futuro de los tiranos árabes, o de los rapaces banqueros de Wall Street, o de los traficantes de armas y demás gentes de mal vivir.

jueves, 28 de agosto de 2008

Versos conversos

La visión

El tiempo es una cama azul de luz. La luna duerme sobre el agua. Sopla un viento fuerte. Tu barco navega detrás de un sueño, húmedo y blanco como un día triste.

Pregunto a mi sombra cual es el secreto para entender la escritura de las olas en el mar. "Mira la música; escucha las estrellas; y no te olvides nunca de llorar cuando tengas ganas", me responde.

(Foto: Luis Echanove)