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martes, 17 de noviembre de 2015

Lagrimas por Gwoza

París ha sido atacada por el terrorismo yihadista, al igual que Abuja, Bagdad, Damasco, Nueva York, Beirut, Ankara, Karachi, Madrid, Bombay, Londres …todas las cuales han sufrido horrendos atentados similares en el pasado reciente. Pero, aunque el dolor provocado por los fanáticos en esas urbes ha sido inmenso, las verdaderas ciudades mártires del terror yihadista son aquellas en las que la sangrienta presencia brutal del DAESH y sus grupos afiliados no tiene lugar en un súbito momento de terror únicamente…sino 24 horas al día, 7 días a la semana, durante meses…. y años. 

Docenas de poblaciones a lo largo y ancho del mundo musulmán se encuentran ya en manos del mal llamado Estado Islámico y sus diferentes facciones. Ciudades muchas de ellas habitadas por varios cientos de miles de personas, y de varias de las cuales probablemente no habéis oído hablar antes en vuestra vida… me refiero a sitios como Al Mukalla ( en Yemen, con 530,000 habitantes… más o menos la misma población que Zaragoza); Mosul (Irak, 1,840,000, más que Barcelona), Sirte (Libia, 80,000, como Marbella…y también bañada por el Mediterráneo), Al-Raqqah (en Siria, 330,000, cifra similar a la de Alicante) o Gwoza (Nigeria, 270,000 , equivalente a Gijón , por ejemplo). 

 A día de hoy se estima que 15,000,000 de civiles viven en las zonas controladas por el DAESH y otros grupos yihadistas radicales, principalmente en Siria e Irak pero también en Somalia, Nigeria, Pakistán…

Otros 32,000,000 de musulmanes más viven en Arabia Saudita,bajo un régimen político despótico, guiado internamente por exactamente los mismos principios ideológicos que el DAESH (el wahabismo o salafismo), bajo la mano de hierro de la versión más brutal de la sariah, donde tienen lugar más decapitaciones cada año que en el propio territorio controlado por el DAESH y los derechos básicos de mujeres, minorías religiosas e inmigrantes son pisoteados de modo sistemático exactamente de la misma manera. 

Yo lloro por todos esos millones de personas: por los muertos en París, sí… y por los de Madrid, Londres o Beirut….y lloro también por los que día a día viven sometidos al terror wahabita, ejercido tanto por grupos terroristas enemigos ….como por regímenes políticos amigos de occidente.

(Foto: Luis Echanove)

jueves, 6 de mayo de 2010

Dos de mayo

El 2 de mayo de 1808 fue una fecha trágica en la historia de España, cuando la plebe, azuzada por los cavernícolas de la iglesia y la Corte se lanzó a la calle a morir sin causa. Eso la hizo trágica, no 'la invasión' francesa.

No creo que Goya pretendiese en modo alguno, en su óleo maravilloso sobre los combates en la Puerta del Sol, honrar a héroes algunos, sino simplemente, dejar constancia de la barbarie absurda, de la atrocidad sin bandos ni colores. Sus Desastres de la Guerra, sin ir más lejos, reflejan crueldades de la soldadesca francesa a la par que brutalidad por parte de las guerrillas alzadas.

Es interesante pensar el recuerdo colectivo de 'invasor' que nos ha quedado de las fuerzas napoleónicas 1808, y que en cambio, la aventura de los Cien Mil Hijos de San Luis, en 1823, nunca sea vista como eso mismo, como otra invasión... solo que esta vez de corte ultraconservador. Cuando las fuerzas de la Ilustración de Francia entraron en España resulta que éramos invadidos, pero cuando quien nos llegaba de Francia eran las fuerzas del conservadurismo, entonces resulta que venían a liberarnos.

Lo único honroso de la respuesta Española a la Guerra de Independencia fueron las Cortes de Cádiz. Lo demás, desde el cura Merino al sitio de Zaragoza, fue puro sectarismo.

¡Vivan los afrancesados!
(Foto: Ignacio Huerga)

sábado, 8 de marzo de 2008

Arco del Fracaso

Hay en Vientiane, capital de Laos, una réplica orientalizada del Arco del Triunfo parisino. La diferencias con el original no son tantas: Bien es cierto que la escala es algo más pequeña; que en lugar de nobles sillares el modesto ejemplar indochino fue construido en cemento gris y que faltan en sus muros bajorrelieves heroicos y sobran en su cubierta los aditamentos estilo pagoda que lo coronan. Pero al margen de tales superficialidades, el efecto copia está logrado. Ayuda en ello el amplio boulevard al que el triunfal arco da acceso. Los pomposos Elíseos laosianos (bonita aliteración), en lugar de flanqueados por señoriales casonas neoclásicas, solo muestran, con cierto pudor socialista, edificios públicos de un estilo que un crítico piadoso relacionaría con Brasilia y uno más sincero con Bratislava. Tuktuks, jeeps militares, escasos coches lujosos de nuevos ricos, motos chinas y alguna que otra gallina medio desplumada recorren ocasionalmente la avenida.

Contra lo que cabría suponer, el local Arco de la Victoria no fue levantado por los colonialistas franceses –su huella arquitectónica en la ciudad se limita a algunas villas provenzales a punto de derribo. El monumento fue alzado por obra -y gracia- del gobierno de Laos, en los turbulentos años de la guerra de Vietnam, con cemento donado por los americanos para construir un nuevo aeropuerto.

Tras pagar la correspondiente irrisoria entrada se accede por unas escaleras a medio hacer a una especie de pequeño mercadillo de antigüedades y quincallería budista localizado en el interior mismo del arco. Desde el tejado se disfruta de una espléndida panorámica de toda la ciudad (lo cual no significa que la perspectiva sea muy amplia…al fin y al cabo Vientiane es la capital más pequeña de toda Asia).

Una placa oficial, colgada de un lateral del edificio, ofrece un largo texto en laosiano el cual, supongo, da cuenta de la historia y razón de ser del monumento con el típico tono formal al uso en tales memoriales. Pero lo extraordinario del caso es que, debajo del texto local, la placa contiene también unas frases en inglés, presumo que copiadas de la Lonely Planet o de la Raugh Gide –no lo he comprobado- que describen el monumento en términos irónicos y nada halagüeños. ¿Sabían las autoridades lo que ponía en la placa cuando corrieron la cortinilla inaugural? ¿Es en verdad el texto una fiel traducción de la versión laosiana, y esta, a su vez, un ejercicio de sinceridad política? ¿O es que acaso el “traductor” encargado de reproducir el laudatorio texto original gastó una bromilla al régimen oficial y en realidad el gobierno no tiene ni idea de lo que allí está escrito en inglés? Cualquiera de las opciones daría fácilmente pie a un excelente argumento de cuento corto.
(Foto Juan Echanove)