jueves, 24 de abril de 2008

Llenar el vacío

Es absolutamente imposible ser feliz si de algún modo no contribuimos a hacer felices a los demás. Los demás puede significar nuestra pareja, la humanidad entera, el vecino del cuarto o las generaciones por venir... Los humanos siempre hemos sabido esto. Místicos, filósofos y santos nos lo han repetido a lo largo de milenios y cada persona experimenta esta verdad en mayor o menor medida a lo largo de su vida. El recorrido es de ida y vuelta: Somos felices cuando hacemos felices a los otros y hacemos felices a los demás cuando nosotros mismos somos felices.

Durante siglos la mayor parte de las energías diarias de la raza humana se orientaron a la mera supervivencia. La potencia formidable de la ciencia y de la tecnología han transformado el mundo de tal modo que porciones enteras del planeta viven libres de la servidumbre de la lucha por vivir. El hombre en las sociedades ricas ya no tiene que confortar las fuerzas ciegas de la naturaleza o encarar cada día la angustiosa tarea de lograr comida para mañana. Muchos millones de humanos hemos logrado alejar a la muerte de nuestro día a día. Ya no dependemos de necesidades materiales inmediatas. Pero en lugar de disfrutar de nuestra nueva libertad y romper por fin la dependencia constante de lo material, hemos decidido auto esclavizarnos otra vez. Vivimos atados al deseo de acumular, de comprar la última novedad, de sentir o disfrutar todas las experiencias posibles. Sabemos que estos placeres nos deparan tan sólo una “felicidad” inmediata, que tan pronto como se extingue nos demanda ya nuevas compras, nuevas ansias de ganar más, nuevas ambiciones de adquirir un modelo mejor de cualquier cosa. El consumismo nos atrapa en su laberinto.

Estamos encerrados en un círculo absurdo. Trabajamos más para ganar más, ganamos más para gastar más…y al final de día, nos sentimos vacíos. Lo que nos llena, lo sabemos bien, no tiene precio de venta al público, no está en los centros comerciales. Está en los cuadros de Velázquez, en las puestas de sol mirando al mar, en ayudar a quien lo necesita, en consolar a quien sufre, en los recuerdos de nuestra infancia, en trabajar amando lo que hacemos, en leer un cuento a un niño. Lo que nos llena, en definitiva, es precisamente aquello que nos vacía, que nos proyecta hacia lo demás, que nos integra en el mundo. Somos un pedazo de conciencia universal atrapado en un cuerpo. Somos nada. Somos todo.

(foto: Luis Echánove)

lunes, 14 de abril de 2008

Ancho mundo

Ancho mundo…Tan ancho que a veces siento que te escabulles por las venas. Difuminas mis pensamientos, descolocas las razones que sustentan mi caminar. Ancho mundo…Oleadas de rostros, de lugares, de olores y de momentos.

Ancho mundo… Bajo el cielo raso nada permanece, pero en ese cambiar constante resplandeces idéntico, como un espejo bruñido a desgana o un ojo de agua desecado. Luces y sonrisas. Noches y silencios. Amaneceres y horarios. Historias, conversaciones, miradas. Ancho mundo, a ti te puebla una bandada de ilusiones difusas, ambiguas, coloristas y a veces grises.


Ancho mundo…Todo en ti cambia, todo, sí, salvo en rugir de las olas en tus riberas, el salto de la espuma y las cabriolas de los pájaros pescando al atardecer. Por eso, algunas veces, sólo siento tu quietud en el movimiento de las aguas del océano. Y así, recogido en un silencio ruidoso, atrapado por los encantos de la monotonía azul, descubro que acaso no eres tan ancho. Entonces, al fin, te camino con ganas, estrechando en mis andares el espacio inmenso de vivir.
(Foto: Luis Echánove)

Terror en el Hipermercado

Madrid. 25 de Junio, 2008. Agencias.
La crisis desatada hace dos meses como consecuencia de la subida del precio de los alimentos básicos en todo el mundo continúa provocando disturbios en docenas de países y amenaza con desatar un conflicto de proporciones incalculables.


En Ceuta y Melilla, las fuerzas militares españolas volvieron a abrir fuego para contener a la multitud de cientos de miles de marroquíes y subsaharanos que intentan desesperados cruzar la frontera, causando un número indeterminado de muertos. Según Cruz Roja, al menos seiscientas personas habrían fallecido por los disparos, la mayoría mujeres y niños. Situaciones parecidas se han vivido en diversos puntos de la frontera de Estados Unidos y México, así como en las costas de Florida, desabordadas con la llegada masiva de embarcaciones procedentes de Haití. Por otra parte, Singapur, Manila, Yakarta y otras capitales de Asia permanecen sumidas en el caos más absoluto desde hace dos semanas, cuando millones de habitantes de los suburbios ocuparon en avalancha los centros comerciales y los edificios gubernamentales. En Sao Paolo y Río de Janeiro los pobres han logrado hacerse con pertrechos militares y atacan las áreas residenciales en busca de comida. El Cairo, La Paz, Beijing y muchas otras capitales en todo el mundo viven situaciones igualmente dramáticas. Ayer noche la OTAN todavía no había llegado a un acuerdo respecto a la utilización de misiles con cabeza nuclear para contener a las masas procedentes de los países subdesarrollados y en camino hacia Europa, Japón y Norteamérica.

En España, las quejas iniciales por parte de los grupos de Derechos Humanos y algunos sectores políticos respecto a la contundente respuesta del gobierno ante la crisis, ha ido disolviéndose en los últimos días, al conocerse que, según imagines captadas por satélite, la vanguardia de una nueva avalancha humana procedente de África central, esta vez de unos 10 millones de personas, se encuentra ya próxima a la frontera de Argelia y puede llegar a las cosas españolas en cualquier momento. La posición ha pedido al gobierno Zapatero un “bombardeo masivo e inmisericorde para erradicar la horda de bárbaros”. Por otro lado, los linchamientos a pacifistas y miembros de ONG prosiguen. Ayer en Barcelona, una joven de la organización Alimentos para el Mundo murió apaleada por un grupo de desconocidos. Según el manifiesto firmado ayer por docenas de empresarios españoles, “lo que esta en juego es nuestra propia supervivencia. No podemos respetar los derechos humanos de esta gente que viene a quitarnos lo nuestro. La única respuesta posible es el exterminio”.

miércoles, 2 de abril de 2008

Gritos en la espesura

Se estima que en 1898, momento de la independencia de España, más del 70% de la superficie de Filipinas se encontraba cubierta por selvas vírgenes. En las décadas subsiguientes una inmensa superpie de bosque filipino fue víctima de la tala indiscriminada promovida por compañías madereras internacionales. A lo largo de los años 70 y 80 esta política de promoción acelerada de la industria forestal alcanzó su momento cumbre, con un ritmo de más de cien mil hectáreas taladas cada año. La compleja trama de corrupción política de Marcos hizo posible que las empresas madereras operasen sin ningún tipo de control. Los bosques talados eran después ocupados por colonos pobres en busca de tierras para cosechar. Como consecuencia, la creciente presión humana redujo todavía más la escasa masa forestal remanente. Hoy los bosques apenas cubren menos de un 10% del territorio filipino.

El principal problema hoy de los bosques en Filipinas no es ya la gran industria forestal, sino, paradójicamente, el campesinado pobre que, en una nación con una de las tasas de crecimiento vegetativo más altas del mundo, requiere constantemente de nuevas tierras para cultivar. La presión de la población sobre los recursos naturales es de tal envergadura que, si no se adoptan medidas drásticas inmediatas, el país puede volverse literalmente inviable en el medio plazo. La actual política del gobierno de promoción indiscriminada de la minería, sin ningún control de su impacto medioambiental, exacerba todavía más el problema.

La destrucción del bosque filipino es una tragedia de dimensiones incalculables. Filipinas está considerada como una de las diez naciones del mundo con mayor índice de biodiversidad. La insularidad del país, así como su ubicación geográfica entre los hábitat asiático y australiano-oceánico convierten al archipiélago en una joya biológica con centenares de especies endémicas que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo. Una hectárea de bosque húmedo filipino cuenta con más diversidad de especies vegetales que toda Europa junta.

Con la pérdida de sus bosques no sólo pierden los filipinos; perdemos todos.
(foto: Luis Echánove)

jueves, 27 de marzo de 2008

Flexiones y reflexiones

Religiones y laicismo
El discurso político actual está en gran medida dominado por categorías propias de la esfera de las religiones. El supuesto “choque de civilizaciones” no es sino una paráfrasis para referirse al enfrentamiento de Occidente con la versión ultra-ortodoxa del Islam. Tal conflicto no sólo hace los titulares de todas las portadas de la prensa mundial (en referencias a Irak, Afganistán, Pakistán, atentados en Occidente y demás), sino que domina –más bien habría que decir “encajona”- todo el discurso geoestratégico mundial.

Más allá de la dialéctica Occidente-Islam, el peso de la esfera de lo religioso en la agenda política y económica no cesa tampoco de aumentar. Los ejemplos abundan: la pujanza China es explicada con referencias al espíritu utilitarista del confucionismo; en las librerías de todo el mundo docenas de títulos intentan convencer a los altos ejecutivos sobre los parabienes de la mentalidad religiosa de los antiguos guerreros zen del Japón; en las arena pública norteamericana el tema de la religión parece ocupar más tiempo en los debates que las discusiones sobre como erradicar la pobreza o reducir el efecto del cambio climático; el Papa compite en atención mediática con los artistas del cine o la música; en Tíbet o en Birmania son los monjes quienes inician las protestas sociales; en Filipinas, la Iglesia pone y quita presidentes. No es ya que la religión “esté de moda”; es más que eso: la religión acapara la actualidad mediática y política mundial como nunca antes desde el inicio del secularismo, hace siglo y medio.

Pero, más que este revival de las formas religiosas en estricto sentido, y más también que ese enorme eco mediático-político que todo lo relacionado con la religión (o las religiones) parece tener hoy en día, lo que en verdad resulta fascinante es como la mentalidad religiosa se expresa también en las esferas “laicas”. Lo numinoso, lo sagrado, sigue inundando el modo de vida occidental –y mundial-. Y es que, en definitiva, tal y como expresara Mircea Elieade, “las crisis del hombre son en gran medida crisis religiosas, en la medida en que son expresiones de la toma de conciencia de una falta de sentido”.

domingo, 23 de marzo de 2008

Las historias del gusano barrenador

Adiós a Darth Vader
Para la gente de mi generación Darth Vader no es sólo un malvado más del cine. El caballero de la mascara negra fue el primer villano de ficción al que, en lugar de detestar o simplemente recelar, admirábamos secretamente, aunque, por supuesto, su resoplido de paciente crónico nos generase cierta desazón y su voz abrupta despertara los pánicos más profundos.

Todos los chavales de la época intuímos que Darth Vader era el autentico protagonista de la Guerra de las Galaxias, y no el relamido y pusilánime Lucky Skywalker o el simpático –pero a la vez adusto- Han Solo. Esta fabulosa percepción infantil se vio confirmada después en el resto de la saga, cuando el niñato enamorado de la princesa Leia simplemente desapareció por el mutis y la explicación metafísica del mal darthvaderiano se convertió en la auténtica trama de la obra.

Curiosamente, nuestra pasión por la película nunca nos llevó a inventar versiones galácticas del escondite o de “polis y cacos”. La Guerra de las Galaxias era para nosotros una obra a admirar, no una excusa temática para recrear nuevos juegos. Los únicos jugetes alusivos al filme con los que alguna vez nos entretuvimos fueron esas burdas linternas con un tubo de plástico cubriendo el haz de luz. Hoy en día en cambio, cualquier aficionado se puede comprar su propio general de las tropas imperiales por piezas y a escala 1:1.

Muchos años después nos decepcionó que en algunas de los últimos capítulos de la epopeya el caballero metálico no apareciera o–peor aún- incluso desvelara su auténtico y risible rostro de sifilítico en estado terminal. La Guerra de las Galaxias sin Darth Vader perdió una parte sustancial de su interés, compensado, afortunadamente, por la incorporación al reparto de atractivas nuevas princesas enfundadas en lo más sexy de la moda estelar.

Lo confieso: Le he perdido el respeto a este villano jadeante pero, pese a todo, le tengo todavía cierto afecto. Es que los caballeros yedi, al final, resulta que somos unos sentimentales.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Memorias afganas (II)

El cuatrimotor de Cruz Roja hizo una escala rápida en Kabul. Sobrevolando la ciudad, pudimos percibirnos del nivel de destrucción y de pobreza inmisericorde. Poco tiempo después aterrizamos en Mazar-i-Sharif, nuestro destino y por entonces capital oficiosa del general Dostún, líder uzbeco y principal caudillo de las fuerzas antitalibanes junto con el mítico Masud, el jerarca tayiko conocido como el León de Pashmir. Mazar era como un enorme mercadillo al aire libre. Tenderetes desvencijados ocupaban las polvorosa retícula de callejas. Algunos descascarillados edificios de aire soviético rompían la monotonía de las casas de adobe.
Los pesados turbantes de los uzbecos, mayoritarios en la ciudad; las burkas azul metálico o negras de las mujeres, los puestos de venta de melones y frutos secos, el canto a viva voz de los almuédanos en las numerosas mezquitas...Mazar-i-Sarif condensaba todas nuestras imágenes y nuestros sueños sobre el Asia profunda. La inmensa mezquita-panteón del califa Alí, yerno del Profeta, se alzaba señera en el centro de la urbe. Con sus amplios jardines, su cúpula acampanada y sus maravillosos mosaicos de tonos azules, la mezquita resplandecía al amanecer como un palacio de ensueño en medio de la tórrida estepa.

Nos alojamos en una casa de huéspedes que el personal de Naciones Unidas mantenía en uno de los barrios periféricos. El ambiente del lugar era el propio de un ejército de desesperados. Cooperantes de nacionalidades diversas, pulidos todos ellos en mil y una crisis humanitarias, convivían en una pequeña casita aguardando eternamente un mítico contenedor cargado de alcohol y otros productos occidentales que Naciones Unidas fletaba anualmente para compensarles de la dureza de su destino. Nos sentíamos como unos auténticos novatos rodeados de Indiana Jones bregados en los entresijos del conflicto afgano. No obstante, imperaba una atmósfera cordial y amigable, y enseguida nuestros anfitriones compartieron con nosotros sus consejos e ideas. Altruismo y adrenalina: la explosiva coctelera de todas las retaguardias humanitarias.

Contando el Sur

El pasado 3 de marzo se presentó en Madrid, en la sede central del Instituto Cervantes, el libro “Contando el Sur”. Publicado por la revista El Rapto de Europa y Calamar Ediciones, y gracias al entusiasmo de ese maestro de cooperantes llamado Alfonso Gamo, este conjunto de relatos reúne historias escritas por cooperantes, que nos trasladan sus visiones acerca de su propio quehacer, o sobre situaciones reales o ficticias, de los países del sur. Dice el autor Sergio Ramírez en el prologo del libro que “no hay ninguna ingenuidad de principiante ni en la escritura ni en la manera de abordar los contenidos…y ello aunque se trata de relatos escritos por gente cuyo oficio no es el periodismo ni la literatura, sino el ejercicio de esa vocación de varias capas que un día, en fin, se organiza en la vida del ser humano”. Me honro de conocer a gran parte de los autores reunidos en el libro: Juanma Santomé, Txiqui Antolín, Ana Rosa Alcalde, Luis Suárez Carreño…
Del que casi nada sé, en cambio, es de un tal Juan Echánove, que rubrica un cuento ambientado en Nicaragua llamado “El Sauce”.