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domingo, 5 de junio de 2016

¿Podemos?

Cada vitriólica diatriba de El País contra Podemos, cada griterío desaforado de Felipe González, Cebrián o Aznar (que tanto montan) demonizando a la alianza de izquierdas, en lugar de desinflarla (como supuestamente pretenden) sirven para engordarla. 

En lugar de tratar el fenómeno Podemos con naturalidad política e intentar acotarlo (si es ese su objetivo) con la fuerza de la razón, la lógica del debate y el realismo de la palabra, prefieren arrojarlo a los infiernos y calumniarlo con sandeces. 

Y es que, el asunto de fondo es que eso que antes cursimente se llamaba el Establishment y otros, yendo más al grano, llaman IBEX, aun no quiere despertar del sueño y asumir de una vez por todas que una porción sustancial del electorado español se siente hasta las mismísimas de la clase política, y abandonada a la deriva de un estado del Bienestar que nunca llegó a ser tal. 

El problema no se llama Pablo Iglesias, ni Podemos, ni Colau, ni Zapata. El problema se llama intereses creados, pobreza, corrupción, paro, falta de futuro. Todo lo demás son solo síntomas,derivados, efectos. Si tienen miedo a Podemos, combatan las causas, no las consecuencias.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Indignación tipográfica

Un amigo me ha enviado la foto de una chica alzando una pancarta durante la última manifestación de los indignados en Madrid. La pancarta –una simple cartulina verde de esas que usábamos para hacer trabajos escolares en nuestra infancia- reza: 'Estos políticos son como Comic Sans'. Ya había leído antes numerosos lemas extremadamente creativos producidos por estos ilusionados e ilusionantes jóvenes, pero éste me parece insuperable.

Comic Sans es una popular tipografía digital que, según Wikipedia, fue 'diseñada (por Microsoft) para imitar las letras de un cómic para situaciones informales'. Se trata, efectivamente, de una burda imitación de la caligrafía manual, con un toque pretendidamente juvenil (o incluso infantiloide) que busca resultar 'simpática' y cercana pero, como no podía ser de otro modo, al final logra el efecto exactamente opuesto. Un texto escrito utilizando Comic Sans es repelente a la vista, desincentiva la lectura y genera en el lector (o al menos, en mí) una cierta desazón interior: te sientes, al leerlo, como si te tomasen por tonto. No importa cuan interesante sea lo escrito; la forzada informalidad de Comic Sans te hace chirriar las neuronas hasta el punto de desinteresarte por el contenido del texto.

No he consultado aun con mi hermano, que es diseñador grafico, cual es su opinión profesional sobre esta tipografía, así que me remito de nuevo a la sapiencia de Wikipedia para buscar fundamento técnico a mi juicio de valor. Dice la maravillosa enciclopedia internáutica que 'algunos diseñadores de tipografías han afirmado que (Comic Sans) está pobremente dibujada ya que se le ha dado el mismo peso a las bajadas y a las horizontales, y poco al interletraje entre pares de caracteres, eliminando todas las características informales de la verdadera escritura a mano alzada'.

Eso mismo es, precisamente, lo que les sucede a los políticos: Ellos, con su acartonado discurso, también eliminan las características informales de los verdaderos debates públicos y de la realidad de la calle. Los políticos, como la Comic Sans, también nos toman por tontos, ofreciéndonos una versión distorsionada y falseada de la vida.

El día a día en realidad se escribe con la frescura de la escritura a mano alzaza, y no por medio de afectados caracteres imitativos. Las inquietudes de los ciudadanos, sus anhelos y esperanzas, habitan en el interletraje, ese breve espacio entre las letras en el cual reside el secreto de la verdadera tipografía…y de la vida misma.

(Foto: Ignacio Huerga)---------------------
Post escriptum: Elaborando más en la metáfora, valga recordar que en algunas versiones de Comic Sans el símbolo del euro (€) incluye en su terminal superior una suerte de cabeza de serpiente, con un ojo claramente dibujado (http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Euro-comic-sans.png). Me sorprende que todavía no se haya desarrollado ninguna teoría conspirativa en base a este hecho.

miércoles, 5 de octubre de 2011

La conspiración de los justos

Basta un instante para darse cuenta: Conoces a alguien por vez primera, y, en una fracción de segundo sientes algo intuitivo dentro de ti que te hace ver tu grado de afinidad con esa persona. No hace falta ni hablar. Goethe escribió una maravillosa novela sobre ese asunto (Las Afinidades Electivas). Desgraciadamente, a veces los miedos, los prejuicios o la pereza se interponen en el camino y no te dejas guiar por esa inicial percepción. En esos casos, llega algo de más tiempo el reajuste.

Siempre me ha fascinado que exista cierta magia inmediata en la relación que uno establece con ciertas personas, y en cambio con otras no. En el trabajo lo noto constantemente. Con aquellos que comparto ésa forma de complicidad subconsciente, siempre sé que, más allá de las diferencias circunstanciales, puedo navegar con ellos en la misma dirección, y tejer redes, y hacer volar sueños que, al final, pueden llegar a cumplirse. Si tuviera que expresar en palabras que es lo que define a aquellos ante los cuales presiento esa empatía , diría que es la certeza de que actúan en base a sus principios y no guiados por salvar su cara o por algún otro interés mezquino.

Pienso a veces que se puede trazar una red con todas esas personas con las cuales compartimos tal sensación. Junto a ellos todas las dificultades son superables. Son aquellos que, en lugar de inventarse problemas buscan solucionarlos y que viven en la certeza de que, fuera de ellos mismos y de su inmediato interés, hay algo más grande e importante por lo que merece la pena vivir.

Están también, claro, esos otros para los cuales la vida consiste más que todo en no asumir responsabilidades, en mirar a otro lado y en, por encima de todo, evitar a toda costa mojarse.

La responsabilidad en los problemas del mundo nos corresponde en alguna medida a todos pero, mucho me temo, esa carga de culpa no esta simétricamente repartida: sorprende cuanto daño hacen a veces unos pocos, y cuanto bien, también, otros pocos pueden llegar a generar en su entorno.

Lo interesante del asunto es que, esa felicidad radiante que se siente cuando actúas guiado por aquello en lo que crees, y no por medrar a costa de los otros, es tan grande que te sigue empujando en la misma dirección siempre: la de seguir sin cesar buscando aliados en esa causa inmensa de luchar por la justicia. Y justicia, para mi, significa solamente una cosa: que nadie sea instrumento ni victima de los fines de otro.

(Foto: Ignacio Huerga)