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lunes, 15 de marzo de 2010

Sincotrón superprotónico

Me acabo de enterar de que mi cuerpo contiene unos mil millones de átomos que alguna vez pertenecieron a Miguel de Cervantes. El asunto, por supuesto, me hace bastante ilusión.

No me estoy volviendo loco. Hablo de una verdad científica probada. Tan fabulosa noticia me ha sido desvelada en un mágnifico libro de divulgación científica llamado "Una breve historia de casi todo", escrita con esmero por el periodista británico Bill Bryson.

No me alegra, en cambio, saber que dispongo dentro de mí de una cantidad semejante de los atomos que en su día formaron a Adolf Hitler o Jack en Destripador...y en realidad, de los de cualquier ser humano (o de cualquier muflón, babosa, paramecio, pedazo de granito o alga verdeazulada) que alguna vez haya existido sobre la tierra. Lo mismo le pasa a tu cuerpo, lector, y al de tu vecina del tercero.
Mil millones de átomos parecen muchos, pero en verdad sólo constituyen una parte ínfima del conjunto total de átomos que me dan forma. Un centímetro cúbico de aire, por ejemplo, contiene unos 45,000 millones de átomos. No sé cuantos átomos forman mi cuerpo, pero a capón yo diría que unos cuantos trillones.

Tal vez algún día fabriquen un sincotrón superprotónico capaz de reunir a los átomos de Cervantes y ponerlos todos juntos otra vez, y en su debido orden. Quién sabe, el reencarnado Manco de Lepanto bien podría escribir una tercera parte del Quijote.

No obstante su mínima aportación a mi conjunto, me siento especialmente orgulloso de esos átomos cervantinos, y también de los que alguna vez estuvieron dentro del Mahatma Gandi, Einstein, Mozart o Miguel Ángel, y ahora, finalmente, han dado conmigo. Para los momentos de bajón, nada tan reconfortante como acordarse de que a todos los genios, al fin y al cabo, los llevamos dentro.

(Foto: Luis Echánove)

domingo, 8 de marzo de 2009

la realidad existe

Hasta dónde sé, la noticia ha pasado completamente desapercibida. No obstante, se trata de una de los descubrimientos fundamentales de la historia de la humanidad. Yo me he enterado por casualidad, leyendo exhaustivamente un ejemplar reciente del Economist en el cuarto de baño.
La buena nueva, publicada a una sola columna en un rincón peregrino de la revista, es la siguiente: Dos equipos de físicos cuánticos acaban de demostrar en paralelo, aunque por separado, que la realidad existe por sí misma, al margen del hecho de ser o no observada. Kozuhiro Yokota, de la universidad de Osaka, acaba de publicar un artículo en el New Journal of Physcis. En él, se da cuenta de sus experimentos en los que prueba la denominada paradoja de Hardy, a saber: que cuando no son observadas, la materia y la antimateria pueden interactuar sin destruirse mutuamente. Jeff Lundeen y Aephrain Steinberg, de la universidad de Toronto, han logrado llegar a la misma conclusión, según el artículo publicado por ambos hace siete semanas en el Physical Review Letters.

El experimento, llevado a cabo con fotones, dio por resultado que en algunos lugares el número de fotones era inferior a cero, lo cual normalmente debería indicar que se había generado antimateria. Lo sorprendente del caso es que no existe la antimateria del fotón (el antifotón), puesto que los fotones, al parecer, son ellos mismos sus propias antipartículas.

Yo, cuando lea estas cosas, siento lo mismo que cuando miro el mar, o un cuadro de Velázquez. Por supuesto, no he entendido nada del artículo.
(Foto: Luis Echánove)