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viernes, 25 de noviembre de 2011

Partido Unico


En las recientes elecciones generales, en Murcia el PP obtuvo el 64% de los votos y el PSOE el 21%. Es decir: más de tres veces más (!!!). Esto la convierte no solo en la provincia de España con mayor porcentaje de votos al PP, sino también, y me juego un brazo, en la zona de Europa con una diferencia más abultada entre el primer y el segundo partido, en unas eleccione...s generales, desde la Segunda Guerra Mundial. Virtualmente esto coloca a Murcia en situación de casi partido único. En cualquier otro país de Europa Occidental un resultado así seria simplemente inverosímil.

Ni siquiera el PSOE de Felipe obtuvo jamás resultados tan bestiales en Sevilla y otros de sus graneros electorales, o el PP en la Galicia rural, por mencionar algunos ejemplos de cuasi monopolio absoluto del voto por parte de los grandes partidos en algunas zonas.

Otro ejemplo del fenómeno al que me refiero: En Marquina, el pueblo natal de mi padre, el 95% de los votantes optaron por opciones nacionalistas (Amaiur o PNV)…vamos, un porcentaje tipo referendum organizado por Quim Il Sung en Corea del Norte.

Yo nunca había visto unos resultados así en una democracia del mundo desarrollado. Tales diferencias son frecuentes en democracias débiles (como en Georgia) o en países subdesarrollados y con poca tradición democrática. Más allá de otros análisis, uno debe preguntarse cual es la madurez democrática de algunas regiones españolas para que se produzca una inclinación tan masiva del voto a una opción política determinada en exclusiva.

Llevamos 30 años de democracia a las espaldas, pero, mucho me temo, todavía nos queda un enorme recorrido por recorrer…

Democracia es sinónimo de pluralismo y balances de poder.

(Foto: Luis Echanove)

Tierra Media

Me ha dado cuenta de que el Señor de los Anillos es en realidad una metáfora del Estado de Las Autonomías. Los hobbits son claramente abertzales. Su vasquidad está fuera de toda duda: Dan claramente el fenotipo, no hay más que ver las orejas enormes que tienen y un ansia constante de comer mucho. La Comarca, que es el país en donde viven, está salpicada de caseríos. Además, viven obsesionados con las tradiciones. Por otro lado, la irresistible atracción hacia el mal y su actitud finalmente cobarde los caracterizan como simpatizantes de Amaiur.

Los elfos representan a los catalanes: Son postmodernos, tienen mucho de sentido común y siempre salen ganando. Los enanos sin duda constituyen una metáfora de los asturianos: Son mineros, viven en las montañas y recuerdan vagamente con su actitud enfurruñada a Álvarez Cascos. La criatura Golún es andaluza: se busca la vida como puede, aunque básicamente trabaja como peonero para Frodo. Gondor, el país de los humanos, es Castilla, con su ambientación medieval y austera, sus fortalezas, etc.

Los orcos aluden a los emigrantes (ya se sabe que Tolkien era un poco fascistoide): siempre llegando en masa, dedicados a trabajos malamente remunerados, sin cualificaciones adecuadas y con enormes problemas de integración.

El mago Gandalf personifica al Estado Central: Intenta llevarse bien con todo el mundo pero al final hace lo que le da la gana. Los caballeros sin rostro encarnan el poder omnipresente pero anónimo de la Unión Europa.

Prefiero no pronunciarme sobre quien representa a la monarquía para que no me apliquen la legislación sobre injurias a las Corona.

Post escriptum: Los valencianos, en cambio, parece que están ausentes del Señor de los Anillos. Puede ser debido a que ya tuvieron un destacado protagonismo en la Guerra de las Galaxias, a saber: la princesa Leia estilaba peinado de fallera (o de Dama de Elche, que es más o menos igual); las naves espaciales tenían mas luces de colores que una discoteca de Benidorm y los disparos luminosos en las batallas evocaban claramente a la mascletá.

(Foto: Luis Echanove)

viernes, 25 de diciembre de 2009

Crisis

En España hay una crisis económica. Y hay otras más, de las que ahora se habla menos.

Está la crisis del sistema de organización territorial del Estado, con un régimen de descentralización llevado a extremos absurdos: ¿de verdad es necesario contar con un calendario de vacunación infantil distinto en cada Comunidad Autónoma? ¿Tiene sentido que los niños canarios no estudien lo que es un río porque en su archipiélago no hay corrientes de agua permanentes? ¿Debe cada ciudad y pueblo de España contar con un puente o monumento diseñado por Calatrava o llevar a los Rolling a tocar en sus fiestas patronales? ¿y quien paga ahora las facturas cuando el ladrillo ya no llena las arcas municipales?

Está también la crisis social, no solo provocada por el hundimiento económico y el aumento desorbitado del paro, sino además acrecentada por años de emigración desmelenada sin programas de inserción y por una inequidad galopante, fruto de la cultura del pelotazo y de la mentalidad tan hispánica del ande yo caliente. Somos un país de nuevos ricos (esos que se forraron a base de stock options, recalificación de suelos, reventa de pisos y jugadas en bolsa) y de nuevos pobres (inmigrantes, desemplados, mileuristas). La clase media, en cambio, adolece de raquitismo.

Podemos hablar así mismo de una profunda crisis educativa. La única formación sistemática que muchos niños reciben es la del Nintendo. En nuestras endogamicas universidades se llega a catedrático mayormente en función de la habilidad propia en la ciencia del peloteo. La cultura tampoco anda en bonanza. En España se publica poco bueno e independiente y lo malo y escrito por encargo se vende cómo churros. Al cine, si no es 3D, ya no va ni la taquillera.

Como un paraguas cubriendo muchos de estos males, hay también que hacer referencia a la crisis de los partidos políticos. La ley electoral y las listas cerradas nos condenan a esta bipolaridad asfixiante que deja fuera de sitio a quienes no se deciden a comprar el paquete completo que el PP y el PSOE venden, ergo la elección es entre derecha rancia o pseudo progresismo.

Todos aquellos que no comulgan, en todo o en parte, con ninguno de los dos grandes partidos, como los liberales, los izquierdistas de verdad, los ecologistas, los centristas, y tantos otros, no tienen a quien votar o votan tapándose la nariz. Y de la mano de esa crisis del propio sistema de representación electoral, cabalga la crisis de liderazgo. Encontrar en cualquiera de los dos grandes formaciones a un político de la talla de los que forjaron la Transición resulta más arduo que descubrir armas de destrucción masiva en Irak.

Tampoco podemos olvidar la crisis ecológica. Cada vez producimos más gases de efecto invernadero, el Mediterráneo se ha convertido en una inmensa urbanización costera desde Huelva hasta Gerona y la España interior y rural sigue tan despoblada y olvidada como siempre. Teruel todavía no existe. Marbella existe demasiado.

Eso sí, hemos logrado ponernos en el vagón de cabeza en muchos nuevos ámbitos, tales como en número de campos de golf en parameras sin agua, porcentaje de chicas adolescentes que se operan las tetas, cuantía de vehículos de doble tracción inventados para el campo circulando por las calles de las ciudades, número de mafiosos rusos afincados en nuestras costas, volumen de programas del corazón en la programación televisiva o cantidad de cargos municipales con procesos de corrupción abiertos.

Puede parecer que estoy describiendo un cuadro demasiado pesimista. Pero es lo que hay.

Durante los últimos diez o quince años pensábamos que todo el monte era orégano. La obsesión con los bienes de consumo y la explosión del gasto nos hizo sentirnos ricos. Y nos creíamos que ser europeos era eso, ser ricos. Ser europeos es vivir en sistemas políticos que combaten la corrupción en todos los niveles, fomentan la igualdad social, castigan electoralmente a los políticos y a los partidos incompetentes, practican una economía sostenible y fomentan la educación en valores y no el culto a la pela. Tras vivir el supuesto glamour del 4x4 y el adosado ahora al fin nos caemos del guindo.

Hemos recogido lo que hemos sembrado. Nuestra crisis es, a fin de cuentas, la reseca después del despelote.

Entre tanto, y aunque lo que hace falta es menos torear la perdiz y mas coger al toro por los cuernos, los políticos se dedican a discutir la prohibición de las corridas. También se afanan en buscar la tumba de Lorca. Yo soy algo más escéptico, pero a lo mejor me equivoco y el fantasma del genial poeta al final resulta que nos trae alguna solución.

(Foto: Luis Echanove)

viernes, 8 de mayo de 2009

¿Cómo se come la crisis?

En el mundo industrializado vivimos tan concentrados en mirarnos el ombligo que todos nos hemos creído a píes juntillas que la actual depresión internacional se inició en el momento que empezó a afectar a nuestras economías, esto es, a partir de fines del 2008.

La realidad es que la mayor parte de la humanidad lleva en recesión económica desde bastante tiempo antes. En decenas de países subdesarrollados se viene viviendo un salvaje incremento en las cifras de pobreza desde mediados del 2008, cuando los precios de los alimentos básicos que constituyen la mayor parte de la dieta de, literalmente, miles de millones de personas, se dispararon hasta niveles nunca vistos. El precio internacional del arroz, por ejemplo, se multiplicó por cuatro en tan sólo unos meses. Se estima que entre un 30 y un 50% de los ingresos de los hogares pobres en Asia se destinan a la compra de este cereal. No es difícil, por tanto, hacerse a la idea de los estragos que esta brutal subida de precios ha producido. Según estimaciones de Naciones Unidas, tan sólo en Asia, hay cien millones más de pobres a causa de la crisis de los precios de los alimentos.

Varios factores de corto plazo contribuyeron a esta trágica subida de precios alimentarios en el 2008: el aumento del coste de los combustibles (con su inmediato impacto en los costes de producción y de distribución de alimentos), la reducción de la producción debida a inclemencias meteorológicas en ciertos países, el boom del biodiesel (millones de toneladas de soja, maíz y otros productos, antes destinadas al consumo humano, pasaron a usarse como combustible) y, sobre todo, la sempiterna especulación y ambición desmesurada de unos pocos. El mercado mundial de muchos productos alimentarios vive secuestrado, como en tantos otros sectores, por un puñado escaso de multinacionales de dimensiones monstruosas capaces de fijar los precios mundiales y manipular las reglas del libre mercado.

Pero la crisis de precios del 2008 no fue simplemente una enfermedad pasajera provocada por la coincidencia de varios factores en el corto plazo. Más bien, fue una fase aguda de una dolencia de larga duración que, en realidad, había comenzado años antes. Los precios del trigo, del arroz, del maíz, llevaban ya mucho tiempo incrementándose de manera sostenida a un ritmo nunca visto en decenios.
Tal y como hasta los menos duchos en economía sabemos bien, cuando la demanda crece y la oferta se reduce, los precios se disparan. Y eso es precisamente lo que ha sucedido con la producción agrícola en nuestro planeta. La demanda crece sin parar debido al aumento de la población mundial y al incremento del consumo per cápita en países como China , donde la clase media aumenta. La oferta de alimentos, por el contrario, ha sido incapaz de aumentar al ritmo de esa demanda disparada, debido a la caída brutal de la inversión agraria (infraestructuras rurales, sistemas de riego, silos, asistencia técnica para los agricultores…). Los países del tercer mundo han dejado de invertir en mejorar el agro, bajo la recomendación de ese camarote de economistas locos llamado FMI consistente en reducir gastos del sector público a todo coste.

Por eso, aunque las causas inmediatas de la demencial subida de precios de los alimentos en el 2008 han cesado (el coste de combustible, por ejemplo, ha caído en picado), sin embargo el precio del arroz, del maíz o del trigo sigue siendo espectacularmente alto. La situación no tiene ninguna pinta de mejorar: La actual crisis financiera (que, como digo, para el Tercer Mundo es en realidad una ‘nueva ola´ de una crisis ya iniciada antes) se está cebando también con los países pobres, con lo cual, su margen de maniobra para repuntar las inversiones en el agro y así aumentar la producción de alimentos son más bien nulas.

La crisis financiera del Occidente opulento empuja a muchos de sus ciudadanos al desempleo, lo cual es trágico. La crisis alimentaria del Tercer Mundo empuja a muchos de sus ciudadanos al hambre, lo cual es aún más trágico.
(Foto: Luis Echánove)

martes, 17 de febrero de 2009

Duele España

Roberto Mangabeira, profesor en Harvard, ministro de asuntos estratégicos de Brasil y probablemente el teórico de la izquierda más lúcido y coherente en el momento presente, escribió antes de ser nombrado responsable de tan extravagante cartera, un articulillo sobre España de impresindible lectura en estos momentos de crisis.

El ensayo se llama "España y su futuro" y en él, el maestro brasileño nos habla, en clave unamuniana (a Mangabeira parece también dolerle España) de ese lamentable proceso sufrido por nuestro país en la ultima década y media que ha conllevado un aumento abismal de la inequidad social. En los ochenta éramos la nación de Europa con una clase media más amplia y menores diferencia sociales entre ricos y pobres. Ahora, tras los años de especulación inmobiliaria, negócietes fáciles en América Latina y consecuente botín bancario, crack del sistema educativo y tropelías del autonomismo caciquil, los ricos son muchísimos más ricos y la clase media vive ahogada entre hipotecas y atenazada por el pánico al paro. Mangabeira no toca todas las (muchas) dimensiones del problema, se centra sobre todo en el desembarco inversor español allende los mares y la catastrófica miopía de las grandes empresas españolas en la aventura transatlántica. No obstante, el artículo acierta proponiendo el tipo de medidas radicales (en el mejor sentido del término) necesarias para profundizar en la democracia.

España es hoy, a mi juicio, un país abúlico, con una clase política (a un lado y a otro de ese bipolarismo decimonónico que aun impera) carente de imaginación, de ideas y capacidad para generar un compromiso colectivo hacia un futuro mejor, donde los valores promovidos desde el Estado no sean los de la rapiña y el hacer el juego a la banca y al gran capital, sino los de la cohesión social.

Así comienza el artículo de Mangabeira…

'España es hoy un país sin un proyecto capaz de aprovechar su potencial. Existe un proyecto dominante en España, articulado por las elites y por los partidos. Pero es un proyecto que no sirve, porque no guarda relación íntima con las características más importantes y fecundas de la sociedad española. España, un país relativamente pequeño, se está convirtiendo, por culpa de la falta de imaginación de los que ocupan el poder, en un pequeño país (…)'.

Si queréis leerlo entero:

(Foto: Luis Echanove)