Mostrando entradas con la etiqueta Italia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Italia. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de febrero de 2009

Venecia no existe


Hubo un tiempo de mi vida en el que viajaba a Venecia regularmente. Durante cinco años consecutivos me dejé embargar por su belleza imposible. Acudía a mi cita con la ciudad archipiélago de todas las formas posibles…en avión, en coche, en autobús, en tren…nunca en barco, eso es cierto.

Pocas veces me alojaba en hoteles. Me instalaba como okupa provisional en algún vaporetto amarrado en un canal secundario (por alguna razón, nunca echaban la llave) y sesteaba las primeras horas de la noche. Luego, en plena madrugada, me despertaba cuando esa gran tramoya de una opera imposible que conforman la plaza de San Marcos, la Piazzetta, el Molo y la Riva Schiavoni quedaba al fin liberada de los turistas. A esa hora oscura, la catedral, el Campanille y el Palacio Ducal parecen dibujar el perfil de una urbe lunar, evanescente. La Venecia señorial, de noche, no es una ciudad real, sino un escenario espectral donde el tiempo no se corresponde con ninguna era humana. La belleza equilibrada de cada edificio, el juego de simetrías, los tonos azulados de la piedra blanca bañada por la luna…todo ayuda a recrear esa atmósfera, intemporal, efímera y eterna a la vez. Uno se olvida de que está vivo, de que es persona, sujeto andante sobre baldosas centenarias. La irrealidad mórfica lo envuelve todo. Es, en verdad, lo mas parecido a caminar fuera del universo real.

Las horas del día las gastaba siempre deambulando por los sestiere mas periféricos: El Cannaregio, el Castello…o me retiraba a la isla de la Giudecca para contemplar las vistas de la boca del Gran Canal y la iglesia de la Salute. A veces tomaba un barco a Murano y Burano, con parada en la isla cementerio de San Michelle. Eran las horas de la luz, de los juegos de tonalidades y la ropa tendida en las plazuelas.

Me marchaba después de tres o cuatro días, para después regresar siempre, al año siguiente, tal vez queriendo confirmar que aquella ciudad de veras existía.

Traicioné una vez mi cita, y desde entonces, hace ya quince años, no he vuelto a poner el pie en Venecia. Amigos y familiares la han visitado desde entonces, y a veces en televisión hablan de la ciudad de los canales. Pero yo dudo de todos ellos. Venecia no es real. Es solo un sueño.


(Acuarela de Ignacio Huerga)

jueves, 28 de agosto de 2008

Las historias del gusano barrenador

Santo Prepucio (y los anillos de Saturno)

Han pasado ya varios años, tantos que muchos han olvidado la gravedad del asunto. Pero los hechos son irrefutables: robaron el Santo Prepucio. Ya nadie sabe donde está.

La reliquia, conservada en un pequeño pueblo italiano de calles empedradas, atraía a devotos y curiosos por igual. Bien es cierto que se conserva todavía en el Vaticano la piedra en la que el sagrado prepucio, según piadosa tradición, fuera depositado después de la amputación ritual. Además, Varias iglesias dicen poseer el cuchillo utilizado para la ocasión. Pero no es lo mismo. Santo Prepucio solo había uno, hasta que desapareció. No imagino que la búsqueda de tan preciado órgano constituya una de las prioridades de los carabinieri, muy ocupados siempre en combatir a la mafia o en apalear a rumanos. O tal vez nunca existió el tal prepucio; o tal vez tuviera razón aquel sabio que, siglos atrás, argumentó que el portentoso pellejo bien pudo haber ascendido a los Cielos, en la hora de la resurrección, transformándose en el anillo de Saturno.

Post escriptum: para los muy interesados en este asunto de rabiosa actualidad, recomiendo encarnecidamente (nunca mejor dicho) La entrada ¨Santo Prepucio¨ de la Wikipedia. http://es.wikipedia.org/wiki/Santo_Prepucio.